Ni tan buenos ni tan malos. Apuntes sobre las confluencias.

De un tiempo a esta parte estamos asistiendo a una serie de artículos y dimisiones en prensa en la que compañeros/as (o ex) de IU están lanzando un discurso común que es una suerte de ‘revisionismo histórico exprés’. Y digo exprés porque están intentando reescribir una historia muy, pero que muy reciente: la de la no confluencia a nivel estatal entre IU y Podemos para las elecciones del 20-D.

Leyendo estos artículos, se llega irremediablemente a la conclusión de que si no hubo confluencia fue, única y exclusivamente, por los errores de IU. Que la cerrazón de IU Federal, su obsesión con las siglas y la deuda económica fueron los condicionantes determinantes. Y en ese análisis reduccionista y sesgado subyace la idea, tan falsa como oportunista, de que hay una IU “buena” que ha sabido hacer bien las cosas (EUiA y EU) y otra IU “mala”, sectaria y torpe que no ha sabido entender la confluencia. Nada más lejos de la realidad.

La no confluencia para el 20-D no responde tanto a los errores de IU (aún existiendo esos errores, más que detectados y autocriticados), como a la cambiante estrategia electoralista de Podemos. Es algo que salta a la vista si se hace un análisis mínimamente profundo y riguroso.

Basta observar dónde sí hubo confluencia: Cataluña y Galicia. Lugares donde Podemos, bien por debilidad orgánica propia o por la fuerte presencia consolidada de izquierdas históricas y/o nacionalistas, no tenía la fuerza ni el espacio suficiente para presentarse sola con garantías de éxito. Es tremendamente injusto con los compañeros/as del resto del Estado -además de incierto- vender esto como que EUiA y EU lo han hecho bien y el resto, mal. La realidad es que si ellos están en confluencias no es porque lo hayan hecho mejor que los demás, es sencillamente porque Podemos así lo ha decidido en función de sus intereses estratégicos. Es decir, estaban en el momento justo en el lugar apropiado. Porque lo que sí es cierto es que las federaciones “aptas” para confluir las ha filtrado y escogido Podemos. Lo que es falso es que lo haya hecho con un criterio de diferencias políticas entre ellas. Ni por asomo.

EUiA y EU que no han hecho nada especial que no haya hecho IU en Navarra, La Rioja o Murcia, por ejemplo. Todas las federaciones se han ceñido a la voluntad política confluyente decidida federalmente a mediados de 2014. Simplemente, en esos otros territorios no se daba la correlación de fuerzas adecuada para que a Podemos le interesara la confluencia. O dicho de otro modo: Si los compañeros/as de La Rioja hubieran tenido un mayor apoyo y Podemos los hubiera necesitado, ahora mismo con total probabilidad tendríamos confluencia en La Rioja y automáticamente habrían dejado de ser de la IU “mala” para pasar a formar parte de la IU “buena”, siempre según el análisis superficial que hacen los artículos a los que me refiero.

Cargar la responsabilidad sobre IU Federal, aún admitiendo sus errores, tampoco se sostiene. ¿Acaso no firmó y aceptó IU la confluencia gallega? ¿Por qué no iba a aceptarla entonces en Aragón o Navarra, máxime cuando la confluencia era un mandato de la propia IU Federal? Cierto es que la confluencia catalana no contó con el visto bueno federal, pero eso fue debido a las irregularidades en el proceso de EUiA -en las que no entraré ahora, son de sobras conocidas-, no a la falta de voluntad de IU.

Sobre el tema de la deuda económica como argumento de no confluencia no me voy a extender, porque se desmonta con sólo tres letras: ICV. Es público y notorio que la formación ecosocialista catalana tiene tantos problemas económicos como IU, y eso no fue obstáculo para Podemos a la hora de confluir (por dos veces, además: autonómicas y generales). Por tanto, no resulta creíble que sí lo fuera para confluir con IU. Tampoco es creíble el tema de la testarudez por las siglas de IU, cuando por ejemplo en Cataluña el nombre de la confluencia recoge precisamente las siglas de los “nuevos” (En Comú y Podem) y esconde las de los “viejos” (ICV y EUiA).

Creo que queda pues suficientemente explicado que si hay confluencia selectiva y no estatal no es debido las diferentes actitudes o posiciones políticas de las distintas federaciones de IU o de la propia IU Federal, sino a causa de los intereses estratégicos -y legítimos- de Podemos. Lamento si con esto estropeo a alguien su papel de visionario capaz de ver donde los demás estamos ciegos, pero la realidad es que no estamos en un escenario en el que la confluencia es el premio a los “buenos” y la no confluencia el castigo a los “malos”. Ese análisis, además de mediocre y peligroso, es una falta de respeto al resto de federaciones y a los/as compañeros/as que se han partido el lomo por la confluencia, para encontrarse con el no por respuesta sistemática o, peor aún, con condiciones draconianas diseñadas para ser inaceptables u ofertas de fichaje al más puro estilo futbolero.

Es por tanto momento de hacer estas aclaraciones y situar la historia en su verdadero contexto, antes de que determinados relatos inexactos e interesados se instalen en el imaginario colectivo. Partir de la base del análisis correcto de los hechos, y explicarlos al conjunto de la sociedad, es una necesidad imperiosa para quienes estamos trabajando -entre la espada de los fascinados con Podemos y la pared de los conservadores inmovilistas- por mantener, mejorar y ampliar un proyecto anticapitalista, feminista y ecologista que mantenga los valores de clase de IU frente al pensamiento líquido de la mal llamada “nueva política”.

Lo público y lo privado

 Privatizar. Ésa es la solución mágica que los neoliberales (y otros que dicen no serlo, pero lo son…) han propuesto desde siempre. Y ahora más que nunca, aprovechando esta crisis/estafa que tiene al país en quiebra económica y sobre todo social.

“Lo público es un despilfarro. Lo privado es más eficiente.”, dicen. Falso. Si la sanidad no fuera sostenible, ninguna empresa privada querría hacerse con ella. Sólo lo rentable se puede privatizar. Por otro lado, lo público no necesita ser rentable, sólo sostenible; mientras que lo privado exige beneficios, que por lo general se consiguen empeorando el servicio y/o las condiciones de los trabajadores. Y por último, si lo público no es eficiente, es responsabilidad de quienes lo gestionan, que precisamente son los mismos que lo privatizan. La verdad de esta historia es que lo público es un servicio y lo privado, un negocio. Ni más ni menos. Un pingüe negocio para las empresas privadas… y para los que privatizan.

 Es la famosa puerta giratoria” entre lo público y lo privado. Entran por un lado y salen por el otro. Aunque prefiero la definición de Cayo Lara, que los llamó Caballos de Troya”. Eso es lo que son. Políticos al servicio del capital, que entran en política no para hacer un servicio a la sociedad, sino para desmantelar los servicios públicos a mayor gloria de determinados bolsillos, ya de por sí llenos.

 El último caso ha sido el de Juan José Güemes, exconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Por entonces, se encargó personalmente de privatizar el servicio de análisis clínicos. Casualmente, el pasado agosto fichó por Unilab, la empresa que (también casualmente, claro) se ha hecho cargo de ese servicio. Ya sabemos a qué se refería Güemes cuando en 2008 dijo que “la Sanidad puede ser una gran negocio.”

 La maniobra es legal, sí. La ley marca dos años, y han pasado cuatro. Y Güemes ha dimitido del cargo, forzado por el escándalo mediático. Pero eso no tapa el olor a chanchullo. Al contrario, deja bien a las claras el porqué de esa obsesión en privatizarlo todo. Negocio. Dinero. Capitalismo, al fin y al cabo.

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  Devolver favores al privatizador de turno no es nada nuevo. Felipe González, que privatizó Enagás en 1994, es ahora consejero en Gas Natural, empresa beneficiada en aquella operación, a razón de 125.000€ anuales. José María Aznar, quien privatizó Endesa en 1998, es ahora consejero de ésta, por el módico precio de 200.000€ anuales. Ambos sin renunciar a su pensión vitalicia, que pagamos todos. Un caso reciente: Rodrigo Rato, que tras el desastre de Bankia ha sido premiado con un cargo de 100.000€ al año en Teléfonica/Movistar, la empresa que él mismo privatizó siendo Ministro de Economía del gobierno de Aznar.

 Podríamos seguir: Elena Salgado y Pedro Solbes (Endesa/Enel), Ángel Acebes (Iberdrola), Eduardo Zaplana (Telefónica), Abel Matutes e Isabel Tocino (Banco Santander), etc, etc… los vínculos entre quienes gobiernan y quienes ostentan el verdadero poder (es decir, el dinero), son más que evidentes. No nos extrañe entonces que las leyes que hacen los primeros sean siempre las que convienen a los segundos. No se muerde la mano que te da de comer, sobre todo sin es tan generosa. Y dejo una reflexión: el PP acaba de privatizar otra parte de la Sanidad madrileña. Los artífices: Ignacio González y Javier Fernández-Lasquetty. Veremos dónde trabajan (o de dónde cobran, mejor dicho) dentro de unos años. Se admiten apuestas.

 Éste, y no otro, es el porqué de las privatizaciones. El porqué de su empeño en que lo que es de todos pase a ser sólo de unos pocos. El porqué de que servicios básicos como la Sanidad pasen a manos de empresas privadas para las que la prioridad no es nuestra salud, sino sus beneficios. No es por el bien general, no es por la crisis, no es por sostenibilidad ni por eficiencia… Es porque, como dijo Escipión a los que traicionaron a Viriato, Roma no pagaba a traidores. Pero España sí.

Ya intenté rendirme una vez.

Ya intenté rendirme una vez
y esconderme entre el gentío,
contagiarme del hastío,
ser un ave de corral.
Intenté rendirme una vez,
presa del desengaño
quise sumarme al rebaño,
llevar cencerro y bozal.

Lo intenté pero no pude
quitar de mi sangre el rojo,
mirar con los mismos ojos
a víctima y a verdugo.
Lo intenté pero no supe
vivir en la indiferencia,
asumir con complacencia
el vivir bajo su yugo.

Ya intenté rendirme una vez,
callar frente a la injusticia,
no maldecir su codicia,
enterrar la rebeldía.
Intenté rendirme una vez,
ser sumiso y obediente,
desafilar uñas, dientes,
renunciar a la utopía.

Lo intenté pero no supe
dejar de levantar el puño,
al escuchar sus rebuznos
justificar la barbarie.
Lo intenté pero no pude,
porque tengo en la memoria
a quien lejos de la victoria
no se rindió ante nadie.

Ya intenté rendirme una vez… y no pude.

La salud SÍ tiene precio

El Govern de la Generalitat de Catalunya, liderado por Artur Mas, anuncia ufano que va a eliminar el impuesto de sucesiones. Eso quiere decir, por un lado, que quienes tengan una pingüe herencia que recibir de sus padres o abuelos, no van a pagar impuestos por ello. Y, por otro lado, significa que las arcas públicas, paupérrimas desde hace tiempo, van a dejar de ingresar un buena cantidad de euros que son ahora más necesarios que nunca.

Admito que desconozco la cantidad exacta de dinero que se dejará de ingresar, pero eso no cambia el hecho: habrá menos dinero público a cambio de beneficar a una selecta minoría. Porque esta reforma, no nos engañemos, no está pensada para beneficiar al trabajador que con sangre, sudor y lágrimas ha logrado dejar en herencia la vivienda familiar a sus herederos. Los grandes beneficiados de esta reforma son los pocos privilegiados que tienen un patrimonio superior al millón de euros.

Resulta curioso que el Govern renuncie a esos ingresos cuando la propia CiU anuncia, casi a la vez que la eliminación del impuesto de sucesiones, que va a a haber drásticos recortes en la Sanidad Pública, porque no hay dinero en caja. Unos recortes que pegan donde más duele: la salud de los ciudadanos. De TODOS los ciudadanos. Con generosa herencia en lontananza o sin ella.

Si no hay dinero ni tan siquiera para ofrecer una sanidad pública digna a los ciudadanos, ¿cómo es posible quitar un impuesto y reducir los ingresos? Dentro de la nada disimulada actitud neoliberal de la formación de Mas y Durán, es más importante hacer que los pudientes, la pequeña burguesía catalana que forma y mantiene a CiU desde siempre, obtenga beneficios fiscales a ofrecer una Sanidad de calidad al resto de ciudadanos.

Y también (porque queda en segundo plano pero es un tema esencial) unas condiciones dignas a los trabajadores de la Sanidad Pública, que por si a alguien se la olvidado, son los que tienen nuestra salud (y por ende nuestras vidas) en sus manos. Un trabajo lo suficientemente importante y exigente como para ofrecerles las mejores condiciones posibles para llevarlo a cabo. Y esas condiciones pasan por tener, amén de las instalaciones adecuadas y el instrumental pertienente, el personal necesario para realizarlo con la total dedicación, concentración y tiempo que cada caso requiera. Algo imposible si se recorta personal y no se cubren bajas.

De poco sirve que haya sesudos estudios que demuestran que reducir el número de médicos y enfermeras aumenta exponencialmente el número de muertes, muertes que en condiciones normales de trabajo serían perfectamente evitables. Aún así, se van a reducir los presupuestos de los hospitales en algunos casos hasta casi el 20%. Diciéndolo en catalán: campi qui pugui.

Pongamos un ejemplo para que todo quede claro y diáfano. Veamos qué ocurrirá con estas dos medidas , usando como ejemplo a un camarero fijo-discontinuo padre de tres hijos y, por otro lado… por ejemplo, a Oriol Pujol, portavoz parlamentario de CiU a la sazón que hijo del Molt Honorable President Pujol y la Sra. Marta Ferrusola. Por decir uno, así, al azar…

En lo concerniente al impuesto de sucesiones… pues realmente, ese camarero padre de tres hijos, no se va a ver beneficiado en nada porque, posiblemente, ni tan siquiera tenga vivienda en propiedad y viva de alquiler. Todo lo que dejará en herencia a sus hijo será miseria, y la miseria no paga impuestos. Sin embargo, el amigo Oriol Pujol, el día que sus ilustres progenitores ya no se encuentren entre nosotros y llegue el momento de repartir su suculento legado, sí se va a llevar un pequeña alegría, porque va a evitar aportar unos cuantos (bastantes) miles (¿millones?) de euros al erario público, ese mismo erario público del que han vivido durante más de treinta años tanto él como su padre. El pobre pierde, el rico gana.

Respecto a que la Sanidad Pública empeore… pues digamos que al Sr. Pujol poco o nada le va a perjudicar, puesto que dispone de medios suficientes como para permitirse la mejor mutua privada posible, por lo que sus necesidades sanitarias están cubiertas aunque la sistema público se hunda para siempre. Pero, ¡ah, amigos!… para el camarero/padre, el día que él mismo o uno de sus hijos necesite de esa atención sanitaria pública (puesto que no se puede permitir otra), más le vale que rece lo que sepa para que ese día no haya algún médico de baja al que no se ha sustituido, o no le coincida con un accidente múltiple que tenga ocupados al poco personal que quede en el hospital. Si es un asunto de vida o muerte, la situación puede ser dramática. El rico gana, el pobre pierde.

Señores de CiU: si su objetivo era beneficiar a sus acólitos y perjudicarnos a todos los demás, enhorabuena. Lo han hecho de cine. Pero no nos vengan con la milonga de que en tiempos de crisis, los recortes son necesarios y que están poco menos que obligados a hacerlo por la concatenación de los elementos. En tiempos de crisis, los ciudadanos necesitan más coberturas sociales que nunca, y el gobierno necesita ingresar más dinero para ofrecer esos servicios sociales. Y eso, amigos neoliberales, no se consigue bajando impuestos. Se consigue, entre otras muchas maneras, haciendo que los ricos paguen más. Así es como se construye una sociedad justa y se evita la fractura social. Reduciendo las distancias entre rico y pobres, no aumentándolas.

Pero claro, cuando los que mandan y legislan son esos mismos ricos que deberían pagar más… demanar aixó es somiar truites

¿Visca Catalunya?

Razones para dejar vivir

Ya tardaban. Hacía demasiado tiempo que la Iglesia Católica, vía Conferencia Episcopal, no hacía una de sus ya clásicas campañas liberticidas. Pues bien, ya la tenemos aquí. La nueva intromisión obispal tiene por lema “Siempre hay una razón para vivir”, y está enmarcada en algo que ellos llaman “Campaña por la vida”. Ahora toca oponerse al derecho a una muerte digna. Como siempre, las iniciativas de la cúpula eclesiástica española no dejan a nadie indiferente y dan múltiples motivos para la reflexión… y para la indignación.

Comencemos por el nombre: “Siempre hay una razón para vivir”. ¿Siempre? ¿Así de seguro, así de categórico? ¿Una persona en muerte cerebral, que sobrevive (si es que eso es vivir) gracias a máquinas que respiran y bombean su sangre por ella, tiene razones para vivir? ¿Qué razones, si puede saberse? No estaría de más que las expusieran, porque a mí (que admito que debo ser poco imaginativo) no se me ocurre ninguna.

Porque la pregunta clave es: ¿éso es vivir? ¿Podemos llamar a éso VIDA, en toda la magnitud de la expresión? Intentemos imaginar lo que debe ser estar tumbado en una cama, sin poder comunicarse con nadie, sin saber qué ocurre a tu alrededor, si es de día o de noche, si hace frío o calor; sin poder notar una caricia o un beso, sin poder escuchar las palabras de aliento de los que te quieren… es decir: la nada absoluta. No se me ocurre nada más parecido a estar muerto. ¿Por qué alargar esa agonía? ¿En nombre de qué, de quién? ¿Con qué motivos, con qué esperanza? ¿Para qué sirve esa muerte en vida, más que para torturar ad aeternum a sus seres queridos?

Incluso tratándose de una situación menos extrema que la de una muerte cerebral o un coma irreversible, la decisión de si merece o no la pena vivir es algo tan íntimo, tan personal, que nadie más que la persona afectada tiene derecho a tomarla. Sea previamente por escrito, o en el mismo momento si aún está el enfermo en condiciones de expresar su voluntad. La eutanasia no es la apología de la muerte como nos quieren vender; es el derecho a una muerte digna, la posibilidad de elegir y de acabar con el sufrimiento innecesario, el propio y el ajeno. La diferencia es sustancial, y la manipulación de conceptos que hace la Iglesia, vergonzosa.

El concepto “Campaña por la vida” también se las trae… ¿Es que me he perdido algo? ¿Hay alguien promoviendo una “Campaña por la muerte” que hace necesaria una campaña en sentido contrario, y yo no me he enterado? Puro maniqueísmo, malintencionado y tendencioso. Repiten la estrategia que utilizan los grupos anti-abortistas cuando demagógicamente se hacen llamar “Grupos Pro-Vida”. Por pura lógica, esa definición lleva implícita la idea de que los que no estamos de su parte somos “Pro-Muerte”… lo cual resulta insultante y ofensivo. Sería conveniente que los medios de comunicación utilizasen el término correcto para referirse a ellos: Anti-abortistas, y que se dejen de eufemismos. “Pro-Vida” lo somos todos hasta que se demuestre lo contrario, estemos o no a favor de la libre elección en el tema del aborto y la eutanasia. Basta ya de pervertir el lenguaje en favor de sus intereses. A las cosas, por su nombre.

Casualmente (ejem, ejem..) esta campaña aparece justo cuando la tramitación de la llamada Ley de muerte digna es inminente. Los obispos se han apresurado a negar que esta campaña vaya “contra propuestas políticas de ningún tipo”. Evidentemente. Por supuesto. Faltaría más. Y los elefantes rosas vuelan moviendo las orejas, y hay un ratoncito la mar de majete que te deja dinero bajo la almohada cuando se te cae un diente. Todo igual de creíble. A otra tostada con esa mantequilla, señores obispos.

Como siempre, pretenden condicionar la política para que se ajuste a sus convicciones religiosas y a sus posiciones políticas ultraconservadoras. Ya está bien de aguantar siempre el mismo sermón. Que regulen el comportamiento de los católicos, me parece muy bien. Allá ellos con sus creencias. Pero esta ley, como la del aborto o la del matrimonio gay, ni obliga a nadie ni prohibe nada. ¿Por qué discutirla entonces? ¿Con qué argumentos?

Los católicos podrán seguir manteniendo a sus familiares enfermos pegados a máquinas, en un triste simulacro de vida, por los siglos de los siglos (amén); podrán seguir impidiendo a sus hijas abortar, sean cuales sean las condiciones del embarazo; e incluso algunos homosexuales católicos podrán formar honorables e intachables matrimonios católicos de toda la vida y tener su parejita de vástagos en su hogar dulce hogar, para poder esconder así su condición sexual a sus familiares, como han venido haciendo desde siempre.

Así que, ¿a qué tanto ruido? ¿Acaso estas leyes vulneran sus derechos o libertades? Es evidente que no, puesto que hablamos de leyes que otorgan nuevas libertades a quien las quiera ejercer, y no recortan las de nadie. Ellos podrán seguir viviendo conforme a sus creencias como hasta ahora, sin que nadie se entrometa en ello y sin ningún tipo de problema ni injerencia… Pero resulta que a los católicos les molesta que los demás tengamos libertad para decidir, y les molesta más aún cuando decidimos vivir nuestra vida bajo códigos éticos distintos a los suyos, que como es bien sabido son los únicos verdaderos, puros e irrefutables. La pregunta es: ¿Quién les ha dado vela en nuestro entierro?

Señores obispos, y católicos en general: si hay una razón para vivir o no, es una decisión de cada persona en la que ustedes no pintan absolutamente nada. Para lo que no hay ninguna razón, es para que sigan metiendo sus apostólicas y romanas narices en la vida de los demás. Si tanto les preocupa cómo vivimos nuestra vida, empiecen por dejarnos vivirla en paz.

Les regalo una idea para el lema de su próxima campaña: Siempre hay una razón para DEJAR vivir

…aunque eso no lo verán mis ojos, ¿me equivoco?

Nada es casualidad

No es casualidad que ninguno de los privilegiados cerebros que rigen la economía mundial vaticinara la crisis.

No es casualidad que la crisis llegara en el momento en que varios países, hasta entonces mano de obra barata, empezaban a soñar con tener el nivel de vida y los derechos sociales y laborales de cualquier europeo.

No es casualidad que la crisis no estuviera provocada por causas ajenas a los mercados, sino por los propios mercados.

No es casualidad que esta crisis haya servido para liquidar a todos los gobiernos social-demócratas europeos y para devolver al poder a la derecha conservadora neoliberal.

No es casualidad que en lugar de exigir responsabilidades a los culpables de la crisis, se les salvara con dinero público. Tampoco lo es que tras ese trasvase de dinero, los estados sean más débiles y la oligarquía financiera, más fuerte.

No es casualidad que nos hayan ocultado cómo se ha gestionado la crisis en Islandia.

No es casualidad que la crisis haya servido para recortar derechos a los pueblos, restar poder a los estados frente a los poderes económicos y prácticamente acabar (quién sabe si para siempre) con el famoso estado del bienestar.

No es casualidad que empecemos a salir de la crisis cuando ya han deteriorado la pensiones, han abaratado el despido, han congelado salarios, han privatizado servicios públicos, han deslocalizado producción y reducido plantillas, y han acabado con cualquier atisbo de política social progresista.

No es casualidad que ahora las grandes empresas y la banca vuelvan a presumir de beneficios multimillonarios y hagan públicos los indecentes bonus de millones de euros anuales que cobran sus directivos, mientras despiden obreros a dos euros la pieza o reducen salarios bajo amenazas de cierre.

No es casualidad que los causantes de la crisis sean finalmente sus grandes beneficiados.

Y no es casualidad que yo esté cada vez más convencido de que en esta crisis, nada es casualidad…

Gana la Banca…

No todo el mundo sabe que en España las hipotecas, aparte de ser el principal problema para millones de familias, guardan una trampa que nadie nos cuenta.

Tendemos a pensar por pura lógica que si todo se tuerce y, en el peor de los casos, nuestra vivienda es embargada, el banco se queda tu casa y asunto terminado. Pero eso no es exactamente así: según la legislación española, la entrega de la vivienda no salda la deuda contraída. Es decir: nos quedamos sin hogar y además, seguimos en deuda con el banco. Increíble, pero cierto.

Ayer, Izquierda Unida e Iniciativa per Catalunya presentaron al Congreso de los Diputados un proposición de ley para que, como ocurre en Francia, Inglaterra o Alemania, la entrega de la finca liquide completamente la deuda hipotecaria. Parece una propuesta razonable, máxime cuando los principales países europeos así lo tienen legislado para proteger a sus ciudadanos de una ruina absoluta en caso de embargo. Es la única manera de que la persona o familia afectada tenga la posibilidad de empezar de cero y disponga de una segunda oportunidad.

Pero… Spain is different. PSOE y PP impidieron con sus votos que la propuesta de IU/ICV saliera adelante. Una vez más, los dos grandes partidos se alían en contra de los ciudadanos y a favor de los poderosos. Uno se espera esta posición del PP, un partido de derechas y neoliberal que lleva marcado a fuego en su ADN situarse siempre del lado del más fuerte y dejar al obrero/ciudadano con los mínimos derechos posibles en beneficio de las élites. Pero se debe exigir algo más a un partido como el PSOE, que lleva 7 años haciendo bandera de su izquierdismo y su política social, cuando a la hora de la verdad cada paso que da, cada decisión que toma, es una nueva puñalada por la espalda a los más necesitados de este país.

También es digna de estudio la posición de PNV y CiU, que rechazaron la propuesta por “invadir competencias autonómicas”. Una vez más, vemos cómo el nacionalismo pone su autogobierno por delante de los verdaderos intereses de las personas que habitan su territorio. Cuando se antepone el orgullo pueril del político y el color de la bandera a las necesidades reales del pueblo, algo falla. Cuando es más importante lucir palmito patriótico y marcar paquete nacionalista que el bienestar de los ciudadanos, algo falla.

Para este año 2011, están previstos más de 300.000 embargos. 300.000 familias que se van a quedar en la calle y que gracias a PP y PSOE, van a seguir además debiendo dinero al banco que se ha quedado con su casa. Inaudito.

Esa situación es una auténtica sentencia de muerte. Si a alguien se le embarga la vivienda por no poder pagar, ¿cómo se supone que va a pagar después de ser desahuciado? Si tiene que buscar otra vivienda (obviamente, de alquiler), ¿cómo van a pagar hipoteca y alquiler si antes no podía pagar ni siquiera la hipoteca? ¿Cómo va a levantar cabeza una familia con esa losa a la espalda?

Dicen PP y PSOE que es “inoportuno” que Izquierda Unida presente esa propuesta en estos tiempos de crisis. Y entonces, ¿cuándo? ¿Hay momento más oportuno para cambiar una ley injusta que cuando más está afectando a la población? Hablamos de 300.000 familias que se salvarían de la ruina absoluta sólo con haber modificado esta ley… pero no. PSOE y PP prefieren proteger los intereses de los bancos a los de las personas. Pero se les olvida que además de ciudadanos que pagamos impuestos, también somos votantes. Y ahí es donde tenemos la oportunidad de pasarles factura; la ocasión perfecta para demostrarles que no somos tontos y que si están contra nosotros, estamos contra ellos.

El coste total que la reforma tendría para la banca se calcula en unos 15.000 millones de euros. Una cifra que puede parecer desorbitada pero que no lo es tanto si vemos que en 2010, y sólo contando a los dos grandes bancos (BBVA y Santander), sumaron unos 13.000 millones de beneficio. Además, esa cifra está muy por debajo de la cantidad de dinero público que el Estado (es decir, todos y cada uno de nosotros) aportó a la banca para rescatarla de la crisis que ellos mismos provocaron. Ya que esa generosidad del pueblo hacia la banca no ha servido para que abrieran el grifo del crédito y ayudaran al país a salir del bache, justo es obligarles a devolverlo.

Si Inglaterra o Alemania han sido el ejemplo utilizado para justificar los recortes sociales, las congelaciones salariales o el aumento de la edad de jubilación, ¿por qué no sirven ahora como modelo a seguir para tener una ley justa en un asunto tan importante? ¿Por qué sólo sirven como referente cuando se trata de recortar derechos? Al final, lo único importante para los dos partidos mayoritarios es que la banca nunca pierda y que el pueblo asuma el coste de todos los problemas que generan los malditos “mercados”.

El PSOE hace tiempo que perdió cualquier atisbo de “socialista” y sobre todo de “obrero”. Y el PP son los que son y están del lado de los poderosos por herencia quasi genética, como corresponde a un partido de derechas. Si no acabamos con el bipartidismo, el futuro se presenta negro, muy negro.

Mejor será que nos lo pensemos todos dos veces antes de votar por inercia a los de siempre…

Miky Corregidor