Una tragedia griega

UNA TRAGEDIA GRIEGA

Las elecciones en Grecia han sido motivo de preocupación para medio mundo. Todo porque un partido de izquierdas, Syriza, al que podríamos definir como la Izquierda Unida griega (programas similares, es una coalición, comparten grupo en el Parlamento Europeo, y ellos mismos llaman a IU su “partido hermano”), era dada como ganadora en todas las encuestas, con un programa radicalmente alejado de las políticas neoliberales que nos ha llevado a esta crisis y nos están impidiendo salir de ella.

Finalmente, no pudo ser. Ganó ND (el PP griego, para entendernos), curiosamente el mismo partido que metió a Grecia en la dramática situación que están sufriendo, a base de falsear sus cuentas públicas. ¿Y cómo puede ser que los griegos hayan votado a sus propios verdugos? Parece absurdo, pero tiene una explicación. Hemos asistido atónitos al poco edificante espectáculo de ver como desde las altas esferas europeas, a través de la prensa conservadora e incluso la supuestamente progresista, se ha llevado a cabo una brutal campaña del miedo dirigida al pueblo griego, destinada sin complejo alguno a condicionar su voto. Amenazas de corralito, de fin de las ayudas y salida del euro; de cierre de fronteras, de caos interno y aislamiento internacional si votaban a quien no tenían que votar… Sólo les ha faltado pintar cuernos y rabo a Alexis Tsipras , líder de Syriza.

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   Los poderes financieros y económicos europeos temían la llegada de un gobierno de izquierdas, dispuesto a plantarles cara y a poner por delante de sus intereses el interés de un pueblo castigado hasta más allá de lo soportable. Así que pusieron en marcha su maquinaria de guerra mediática, y lo que para muchos era la mecha de un posible cambio en Europa, se ha quedado en un sorpasso. El resultado, no obstante, es esperanzador. La gran subida de la izquierda real y el hundimiento del PSOK (el equivalente al PSOE) indican el camino a seguir: el del fin del bipartidismo. La ciudadanía se ha cansado de tener que elegir siempre el mal menor, jugar a “susto o muerte”, cuando ambas opciones han demostrado que obedecen a los mismos intereses. Y no son los del pueblo, son los del capital.

La victoria de Nueva Democracia (ND) en Grecia merced a la guerra sucia mediática deja otra lectura dura, terrible; pero que debemos asumir: no hay verdadera democracia si no hay prensa libre e independiente. “Una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad”, decía Goebbels. Hoy en día, con los medios de comunicación absolutamente politizados y sin un mínimo de imparcialidad u objetividad, nos toca comprobar a diario que esa frase es tan triste como cierta.
Los medios los controlan grandes grupos empresariales con fuertes vínculos con los grandes partidos políticos, y no van a informar contra ellos porque no conviene ni a unos ni a otros. Así que no tenemos más remedio que ignorarlos y buscar la información en otros sitios, si queremos encontrar algo que se aproxime a la verdad. Porque, citando ahora a Malcom X, “Si no tenemos cuidado, los medios de comunicación nos harán amar al opresor y odiar al oprimido.”  Y eso es exactamente lo que está ocurriendo. El malo es bueno y el bueno es malo; y si no te engañan a la primera… tranquilo, lo harán por insistencia.

Enhorabuena a los compañeros de Syriza. Contra todo y contra todos, han abierto un camino que otros deberemos recorrer más pronto que tarde, si queremos salir de ésta con un mínimo de dignidad.

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En la sala de los espejos

La maquinaría de guerra del PP funciona perfectamente. Justo es admitirlo. Está bien engrasada y haciendo su función. Han colocado entre la realidad y la ciudadanía un espejo distorsionador, como los de las casas de espejos de las ferias, por el que pasan todas y cada una de sus medidas y decisiones antes de que lleguen a la población. Y están logrando, pasito a pasito, que muchos (demasiados) estén empezando a confundir a víctimas y verdugos, a amigos y enemigos, creando “buenos y malos” como si de cine made in Hollywood se tratase.

La reforma laboral es buena, justa y necesaria; que asuma todo el sacrificio el trabajador y ninguno el empresario es de sentido común. El despido se abarata para que no se despida a nadie, y a los trabajadores se les quitan derechos para que vivan mejor. Los sindicatos son anti-obreros y culpables del paro, y la CEOE lo hace todo por nuestro bien porque es como una ONG quasi marxista. Que Díaz Ferrán esté imputado por robar es casi una anécdota, que un sindicalista tome una caña tras una manifestación es un pecado imperdonable. Que CCOO y UGT reciban subvenciones es aberrante; que los reciba la patronal, la Fundación Francisco Franco o FAES no tiene nada de malo. Que haya 5 millones de parados mientras gobiernan otros es intolerable, que en dos meses ellos doblen la media de parados del gobierno anterior es irrelevante y no hay que obsesionarse con las cifras.

Los recortes son inevitables, pero para no hacer recortes a la Iglesia Católica no hay ningún problema. Que estudiantes, padres y profesores pidan en la calle una eduación de calidad es casi terrorismo, que la policía los trate como a delincuentes entra dentro del Estado de Derecho. Que la mujer pueda decidir sobre su maternidad es ignominioso, que no pueda conciliar la vida familiar con la laboral si decide serlo es ser moderno y eficaz. Hacer una manifestación el 11M es una falta de respeto, pero llevar años insultando a Pilar Manjón e intoxicando sobre los atentados es ejemplar. Que partidos políticos apoyen las protestas o la huelga es irresponsable, pero cuando ellos se echaban a la calle junto a los obispos era por sentido de la responsabilidad. El matrimonio gay hay que prohibirlo porque resulta ofensiva tanta libertad; pero la libertad del dinero y de comercio es sacrosanta, inviolable. Cambiar la Constitución junto al PSOE para contentar a los mercados es positivo, hacer que se respeten los artículos que protegen a los ciudadanos es problemático y contraproducente. Que haya dinero para gasto militar y no para ayudar a los indigentes es razonable, multar a esos indigentes por dormir en la calle o pedir limosna es cuestión de buen gusto. Dan mala imagen.

Hacer una huelga general está injustificado, usar el rodillo para imponer una reforma esclavista es democracia. Pedir dignidad para las víctimas del franquismo es reabrir heridas, homenajear a franquistas muertos es un acto de justicia. Dos contenedores ardiendo es violencia extrema, miles de familias desahuciadas son cosas que pasan. Que lo que afecta a los ciudadanos sean leyes de obligado cumplimiento y lo que afecta a la banca sean “recomendaciones”, es lógico. Cuestionar la monarquía es anticonstitucional, votar contra la dación en pago y pasarse por el forro el derecho constitucional a la vivienda es de estadistas. Hay que acabar con el derecho al aborto, porque la vida es lo más importante; pero cerrar quirófanos y cancelar planes contra el SIDA es cuestión de austeridad. No hay dinero para becas pero sí 1 millón de euros para gases lacrimógenos, porque es mejor reprimir que educar. Quitar las ayudas a mujeres maltratadas es una obligación dadas las circunstancias, destinar fondos a apoyar la tauromaquía es proteger la “marca España”. Lo público es un despilfarro y los impuestos una lacra, pero salvar los errores del capital privado con dinero público está justificado. Dejar de invertir en I+D no es un problema, gastar dinero en las Olimpiadas de Madrid es una inversión. Bajar los sueldos es necesario, dar dinero a los bancos al 1% para que nos lo den a nosotros al 5% y se forren es ayudar a reflotar la economía. Podríamos seguir, pero creo que ya es suficiente…

Así se ven las cosas a través de esos espejos de feria que el PP ha puesto entre el Congreso y la calle. El mundo se ve bocabajo, retorcido, deformado… más gordo o más flaco, más alto o más bajo, según convenga. Como en la sala de los espejos, a veces ni siquiera te reconoces a ti mismo en la imagen proyectada.

Pero la realidad, tozuda, sigue estando ahí, ante nuestros ojos. Sólo tenemos que romper el espejo.