Cuando el tiburón huele sangre

La patronal de las ‘grandes superficies’ ANGED (El Corte Inglés, IKEA, Carrefour, etc…) ha encontrado a sus musas y ha tenido una idea genial. Inmersos en la negociación de un nuevo convenio con los sindicatos, ha decidido proponer, además de aumentos de jornada y las lindezas habituales, desvincular los salarios del IPC, y vincularlos al consumo. Es decir: si yo vendo menos, tú cobras menos, independientemente de cuánto suba el nivel de vida.

Para empezar, no recuerdo que durante los años en los que el consumo estaba disparado, y sus beneficios por las nubes, ninguna patronal hiciera a los trabajadores una propuesta similar. No dijeron entonces: “Mirad, como estamos vendiendo mucho, vamos a vincular vuestros salarios al consumo. Así subirán vuestros sueldos por encima del IPC y no os robaremos tanta plusvalía.” ¿Alguien imagina algo así? ¡Impensable! Cuando las cosas van bien ganan ellos, y cuando van mal… perdemos nosotros.

De entrada, la idea es buena para ellos. Si venden menos, pagan menos, con lo cual siempre van a tener el mismo nivel de plusvalía,  y evitan asumir los riesgos propios que debe asumir un empresario (¡no todo va ser mandar y recoger beneficios, señores!). Además, convierten a los empleados en una suerte de “socios tontos” de la empresa, pues si bien sus ingresos van a depender de cómo funcione el negocio (socios), no van a tener voz ni voto, ni capacidad de decisión alguna sobre la empresa (tontos). Condiciones de asalariado con riesgos de empresario. El timo de la estampita, en pocas palabras.

explotacion

Por otro lado, no sé si en ANGED son conscientes del riesgo de hacer propuestas como ésta. Me explico. Hasta aquí todo parecen ventajas para los grandes empresarios, como siempre. Pero… ¿qué pasaría si el resto de patronales copian su brillante idea? Pues muy sencillo: que se hunde el país, de manera ya definitiva e irremediable. Si todo el país vinculase los sueldos al consumo, estando el consumo por los suelos, los sueldos bajarían drásticamente (sí, aún más…). Por pura matemática, si cobrásemos menos, consumiríamos menos. Con lo cual volverían a bajar los sueldos, lo que llevaría a que se desplomase de nuevo el consumo… y así hasta el infinito. Supongo que la espiral terminaría cuando todos trabajásemos gratis y nadie pudiera comprar nada. Claro que entonces ya no haría falta producir ni vender, porque nadie podría comprar.

No seré yo quien defienda la sociedad de consumo ni el sistema capitalista. Por mí se puede hundir mañana mismo. Pero las preguntas, desde el punto de vista de la lógica capitalista, son dos: ¿Puede un país como éste funcionar sin consumo interno? ¿Hay suficientes países importadores para que todos los demás seamos exportadores y proveedores de mano de obra barata? La respuesta a ambas preguntas es NO.
Llegados a este punto, podríamos pensar que son unos ineptos integrales, proponiendo medidas que pueden echar abajo el sistema que los enriquece. Pero en realidad no es así. Porque estas grandes empresas, grandes fortunas, son más apátridas que cualquier anarquista. Llevarían al país la ruina, para luego irse con lo expoliado en busca de otro país al que expoliar, dejando tras de sí el rastro del saqueo, tierra quemada y miseria. Y yo quiero que caiga el capitalismo. Pero no así.

 PD: Recuerdo, en las dos últimas huelgas generales, ver los grandes centros comerciales abiertos y trabajando normalmente. Bien, muchas veces nos preguntan para qué sirven las huelgas. Pues sirven, entre otras cosas, para marcar territorio, para medir fuerzas. No secundar las huelgas es, para el patrón, señal inequívoca de que tiene ante sí una plantilla (o una clase obrera, si extrapolamos a todo el país) dócil y resignada a la que va a poder quitar cuantos derechos le plazca, sin apenas resistencia. Y  cuando el tiburón huele sangre…

Nada es casualidad

No es casualidad que ninguno de los privilegiados cerebros que rigen la economía mundial vaticinara la crisis.

No es casualidad que la crisis llegara en el momento en que varios países, hasta entonces mano de obra barata, empezaban a soñar con tener el nivel de vida y los derechos sociales y laborales de cualquier europeo.

No es casualidad que la crisis no estuviera provocada por causas ajenas a los mercados, sino por los propios mercados.

No es casualidad que esta crisis haya servido para liquidar a todos los gobiernos social-demócratas europeos y para devolver al poder a la derecha conservadora neoliberal.

No es casualidad que en lugar de exigir responsabilidades a los culpables de la crisis, se les salvara con dinero público. Tampoco lo es que tras ese trasvase de dinero, los estados sean más débiles y la oligarquía financiera, más fuerte.

No es casualidad que nos hayan ocultado cómo se ha gestionado la crisis en Islandia.

No es casualidad que la crisis haya servido para recortar derechos a los pueblos, restar poder a los estados frente a los poderes económicos y prácticamente acabar (quién sabe si para siempre) con el famoso estado del bienestar.

No es casualidad que empecemos a salir de la crisis cuando ya han deteriorado la pensiones, han abaratado el despido, han congelado salarios, han privatizado servicios públicos, han deslocalizado producción y reducido plantillas, y han acabado con cualquier atisbo de política social progresista.

No es casualidad que ahora las grandes empresas y la banca vuelvan a presumir de beneficios multimillonarios y hagan públicos los indecentes bonus de millones de euros anuales que cobran sus directivos, mientras despiden obreros a dos euros la pieza o reducen salarios bajo amenazas de cierre.

No es casualidad que los causantes de la crisis sean finalmente sus grandes beneficiados.

Y no es casualidad que yo esté cada vez más convencido de que en esta crisis, nada es casualidad…

Gana la Banca…

No todo el mundo sabe que en España las hipotecas, aparte de ser el principal problema para millones de familias, guardan una trampa que nadie nos cuenta.

Tendemos a pensar por pura lógica que si todo se tuerce y, en el peor de los casos, nuestra vivienda es embargada, el banco se queda tu casa y asunto terminado. Pero eso no es exactamente así: según la legislación española, la entrega de la vivienda no salda la deuda contraída. Es decir: nos quedamos sin hogar y además, seguimos en deuda con el banco. Increíble, pero cierto.

Ayer, Izquierda Unida e Iniciativa per Catalunya presentaron al Congreso de los Diputados un proposición de ley para que, como ocurre en Francia, Inglaterra o Alemania, la entrega de la finca liquide completamente la deuda hipotecaria. Parece una propuesta razonable, máxime cuando los principales países europeos así lo tienen legislado para proteger a sus ciudadanos de una ruina absoluta en caso de embargo. Es la única manera de que la persona o familia afectada tenga la posibilidad de empezar de cero y disponga de una segunda oportunidad.

Pero… Spain is different. PSOE y PP impidieron con sus votos que la propuesta de IU/ICV saliera adelante. Una vez más, los dos grandes partidos se alían en contra de los ciudadanos y a favor de los poderosos. Uno se espera esta posición del PP, un partido de derechas y neoliberal que lleva marcado a fuego en su ADN situarse siempre del lado del más fuerte y dejar al obrero/ciudadano con los mínimos derechos posibles en beneficio de las élites. Pero se debe exigir algo más a un partido como el PSOE, que lleva 7 años haciendo bandera de su izquierdismo y su política social, cuando a la hora de la verdad cada paso que da, cada decisión que toma, es una nueva puñalada por la espalda a los más necesitados de este país.

También es digna de estudio la posición de PNV y CiU, que rechazaron la propuesta por “invadir competencias autonómicas”. Una vez más, vemos cómo el nacionalismo pone su autogobierno por delante de los verdaderos intereses de las personas que habitan su territorio. Cuando se antepone el orgullo pueril del político y el color de la bandera a las necesidades reales del pueblo, algo falla. Cuando es más importante lucir palmito patriótico y marcar paquete nacionalista que el bienestar de los ciudadanos, algo falla.

Para este año 2011, están previstos más de 300.000 embargos. 300.000 familias que se van a quedar en la calle y que gracias a PP y PSOE, van a seguir además debiendo dinero al banco que se ha quedado con su casa. Inaudito.

Esa situación es una auténtica sentencia de muerte. Si a alguien se le embarga la vivienda por no poder pagar, ¿cómo se supone que va a pagar después de ser desahuciado? Si tiene que buscar otra vivienda (obviamente, de alquiler), ¿cómo van a pagar hipoteca y alquiler si antes no podía pagar ni siquiera la hipoteca? ¿Cómo va a levantar cabeza una familia con esa losa a la espalda?

Dicen PP y PSOE que es “inoportuno” que Izquierda Unida presente esa propuesta en estos tiempos de crisis. Y entonces, ¿cuándo? ¿Hay momento más oportuno para cambiar una ley injusta que cuando más está afectando a la población? Hablamos de 300.000 familias que se salvarían de la ruina absoluta sólo con haber modificado esta ley… pero no. PSOE y PP prefieren proteger los intereses de los bancos a los de las personas. Pero se les olvida que además de ciudadanos que pagamos impuestos, también somos votantes. Y ahí es donde tenemos la oportunidad de pasarles factura; la ocasión perfecta para demostrarles que no somos tontos y que si están contra nosotros, estamos contra ellos.

El coste total que la reforma tendría para la banca se calcula en unos 15.000 millones de euros. Una cifra que puede parecer desorbitada pero que no lo es tanto si vemos que en 2010, y sólo contando a los dos grandes bancos (BBVA y Santander), sumaron unos 13.000 millones de beneficio. Además, esa cifra está muy por debajo de la cantidad de dinero público que el Estado (es decir, todos y cada uno de nosotros) aportó a la banca para rescatarla de la crisis que ellos mismos provocaron. Ya que esa generosidad del pueblo hacia la banca no ha servido para que abrieran el grifo del crédito y ayudaran al país a salir del bache, justo es obligarles a devolverlo.

Si Inglaterra o Alemania han sido el ejemplo utilizado para justificar los recortes sociales, las congelaciones salariales o el aumento de la edad de jubilación, ¿por qué no sirven ahora como modelo a seguir para tener una ley justa en un asunto tan importante? ¿Por qué sólo sirven como referente cuando se trata de recortar derechos? Al final, lo único importante para los dos partidos mayoritarios es que la banca nunca pierda y que el pueblo asuma el coste de todos los problemas que generan los malditos “mercados”.

El PSOE hace tiempo que perdió cualquier atisbo de “socialista” y sobre todo de “obrero”. Y el PP son los que son y están del lado de los poderosos por herencia quasi genética, como corresponde a un partido de derechas. Si no acabamos con el bipartidismo, el futuro se presenta negro, muy negro.

Mejor será que nos lo pensemos todos dos veces antes de votar por inercia a los de siempre…

Miky Corregidor