O reflexión, o genuflexión

La jornada de reflexión, otro de los muchos defectos de nuestro sistema electoral. Pero ya que la tenemos… usémosla.

Reflexionemos pues. Veremos entonces que tiene mucho sentido castigar a un gobierno que ha hecho políticas de derechas, usando el voto de gente de izquierdas. Eso no es sólo una decepción: es una traición, como ha admitido hoy mismo su candidato en la Cadena SER.

Es evidente que el PSOE se ha sometido dócilmente al dictado de la banca y  los mercados (¿acaso no son lo mismo?), a Merkel y Sarkozy, a Botín, a la CEOE y si me apuran incluso a Obama. Que se dedicaron a bajar impuestos a los ricos alegremente, para luego darse cuenta de que faltaba dinero en caja y entonces lanzarse al cuello de las clases populares para hacerles pagar el pato a base de recortes. Que no quisieron o no supieron frenar una burbuja inmobiliaria que si bien no la crearon ellos, tampoco hicieron nada para combatirla. Que dieron dinero público a los bancos sin tener las más mínimas garantías de que ese dinero iba a ir a manos de ciudadanos y PYMES, acabando éste en el bolsillo de los propios banqueros. Podría seguir, pero no quiero aburrir.

Todo esto es cierto, y es indiscutible que se han ganado a pulso una derrota clamorosa y un voto de castigo. Pero reflexionemos de nuevo. Si hay que castigarles por hacer políticas de derecha y/o liberales… ¿tiene sentido creer que la solución es echarse en manos de otro partido que es aún más de derechas, aún más neoliberal, y que nos va a dar la misma sopa pero con el doble de ración? ¿No es eso castigarnos a nosotros mismos en el camino? ¿Acaso no tiene más sentido buscar las soluciones por otro camino que no sea el que nos ha llevado a esta dramática situación?

El partido aspirante al gobierno, el PP, tiene todos los defectos del partido saliente, pero multiplicados y amplificados. No sólo eso: además, a nivel social, sus adhesiones religiosas les hace tener comportamientos liberticidas y quasi medievales. Donde ya gobiernan están aplicando políticas de recortes salvajes en educación y sanidad, en una senda que lleva claramente a su privatización. Su candidato dice que la ley de dependencia es inviable. Que va a recortar todo menos las pensiones, es decir: van a recortar el subsidio de desempleo cuando más se necesita, con 5 millones de parados. Quieren acabar con los convenios colectivos, o lo que es lo mismo dejar al trabajador indefenso frente al empresario. Bajar impuestos a las rentas del capital, algo injustificable cuando dicen que hay que recortar servicios básicos porque no hay dinero. Pero hay mucho más: gays, inmigrantes, mujeres, estudiantes, sindicatos… todos están en su punto de mira. Si alguna vez tuvimos estado del bienestar, tiene los días contados con esta derecha más neoliberal que nunca.

La conclusión está clara: el PSOE está al servicio de los poderosos. Pero es que el PP son los poderosos, de cuna y estirpe. Lo mismo vale para CiU, la alta burguesía catalana de toda la vida, que lo primero que hicieron al llegar a la Generalitat fue reducir impuestos a las 500 familias más ricas de Cataluña (las suyas, claro está), para acto seguido recortar drásticamente la sanidad pública. Son el mercenario perfecto para el PP, tienen precio y están en venta al mejor postor.

Amigos y amigas: la inmensa mayoría de ciudadanos/votantes de este país somos trabajadores, obreros, currantes. Asalariados o autónomos, clase baja o media baja… no podemos, no debemos convertirnos en cómplices de partidos que no defienden nuestros derechos, que no nos representan, que no nos escuchan. Que están a las órdenes de la Bolsa, la Banca, la Patronal, la OTAN, la Iglesia… de cualquiera menos del pueblo. ¿Por qué votarles? ¿Para qué? ¿Para que nos sacrifiquen a todos en el altar del capitalismo neoliberal, a mayor gloria del dios dinero?

Reflexionemos. Busquemos dónde están los que sí son de los nuestros. Los que proponen ayudar a la gente y no a los mercados. Los que no están de rodillas frente al poder económico y financiero. Los que no son cómplices de esta estafa disfrazada de crisis. Existen, están ahí. Aún podemos elegir. Todavía estamos a tiempo de evitar salir del fuego para caer en las brasas. Hay una salida social, justa, solidaria. Una salida por la izquierda que no convierta a los causantes de la crisis en los beneficiados de la misma, que no nos haga pagar a los más débiles una crisis de la que no somos responsables.

Si hoy no hay reflexión, mañana habrá genuflexión. La del pueblo frente al mercado. La de la democracia frente al capitalismo salvaje. Los de abajo arrodillados frente a los de arriba. Nosotros, frente a ellos. ¿Es eso lo que queremos?

Feliz reflexión…

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