¿Revolución?

Escribía el lunes, tras el éxito de las manifestaciones del 15M convocada por Democracia Real Ya, que estaba por ver si era todo una pataleta o si estábamos ante algo mucho más serio… dos días después, mi habitual escepticismo empieza a ceder terreno: esto es mucho más que una pataleta. ¿Tanto como una revolución? Veremos.

Ayer, la inercia de la energía generada por la manifestación hizo que unos pocos valientes se decidieran a acampar pacíficamente en la Puerta del Sol de Madrid. Gracias otra vez a Twitter, algunos más se sumaron en otras ciudades. Eran pocos, casi residuales. Con un enorme apoyo en las redes, sí, pero presencialmente muy pocos. Hasta que los políticos de este país, en un denodado esfuerzo por demostrar que Democracia Real Ya tiene razón, hicieron gala de toda su estupidez, torpeza y estrechez de miras: ordenaron a los antidisturbios desalojar la plaza por la fuerza. Las imágenes de un montón de “Robocops” llevándose a rastras a pacíficos ciudadanos que ejercían un derecho constitucional sin generar disturbio alguno, se convirtió en la chispa necesaria para encender definitivamente la mecha. Supongo que nunca oyeron hablar del “Efecto Streisand”.

Durante todo el día, Twitter fue un hervidero de comentarios que saturó su servidor al mismo ritmo que iba calentando los ánimos del personal. Cada vez más gente se indignaba y se sumaba al movimiento. Tanto que incluso se convocaron concentraciones en las embajadas de Londres, en Turquía, Islandia y hasta en México. Al llegar la hora convenida, Sol se llenó hasta la bandera. Miles de personas de todo tipo, edad y condición se unían para exigir democracia, democracia de verdad y no esta pantomima en la que vivimos. El ambiente, las consignas, esa sensación de pueblo unido en una causa común, hizo que muchos empezásemos a pensar que realmente se estaba cociendo algo importante, y que algunos políticos, periodistas y tertulianos que se reían mucho el domingo y ninguneaban el movimiento hablando de “cuatro violentos antisistema”, empezaran a fruncir el ceño, preocupados. Y con razón.

No soy de los que opina, como hacen algunos en mi opinión sobreexcitados, que estemos ante una “Plaza Tahrir a la española”. Dista mucho este movimiento de ser una revolución del calibre de la egipcia. Tampoco la situación social es comparable, por supuesto. Pero sí creo que es un primer paso histórico, la primera vez en democracia que el pueblo se echa a la calle sin que medie la convocatoria y organización de algún partido, sindicato o similar. Posiblemente, el movimiento social más interesante desde la transición. Es casi imposible que todo esto no recuerde, aunque sea vagamente, a aquel mayo del 68. Quizá en un futuro se hable de un “mayo de 2011”. Quién sabe.

Lo que es evidente, es que algo está cambiando. Que esto puede ser el principio de una nueva manera de entender la democracia. Democracia 2.0, le llaman ya algunos. Una democracia más cercana, donde no corten el bacalao los órganos internos de los partidos y donde se vote a personas más que a siglas. Más libre, donde los derechos de reunión, manifestación o expresión no sean violentados por las porras de la policía. Más transparente, donde la prensa no sea un traje a medida para la manipulación informativa de los políticos. Más social, donde el bienestar de las personas esté por encima de los beneficios económicos. Más participativa, donde el voto no sea un cheque en blanco para olvidarse del pueblo durante cuatro años hasta necesitar engañarlo de nuevo. Más laica, donde la religión sea un asunto propio y no un asunto de estado. Más limpia, donde imputados y corruptos no estén en listas electorales. Más culta, donde la educación llegue a todos por igual y no esté impregnada de dogmas de ningún tipo, y la cultura tenga la importancia que merece. Más independiente, donde la Justicia no esté presionada y condicionada por los dos grandes partidos y los poderosos en general. Más directa, donde no sólo se nos pregunte quién debe gobernar sino también cómo debe gobernar en los asuntos importantes. Y sobre todo, más democrática, donde la política del gobierno obedezca a los intereses del pueblo y no a los intereses de los lobbys financieros, empresariales, mediáticos o religiosos. En resumen: más democracia.

¿Sueño despierto? Posiblemente. Pero permitidme que al menos por un día sea ingenuo, me deje llevar y disfrute con ello. Decía una pancarta: “Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos todo”. Quizá no lo consigamos todo. Pero podemos conseguir mucho.

No quiero terminar sin decir dos cosas. La primera, es proclamar mi admiración por todos los que se han echado a la calle, pero muy especialmente por la ciudad de Madrid. Es impresionante lo que han logrado, la respuesta ejemplar que han tenido tanto en número como en actitud, y cómo han arrastrado al resto. Y la segunda, que sé que va a molestar a más de uno pero lo tengo que decir porque así lo pienso, es la pobre imagen que ha dado Barcelona en la inevitable comparación con Madrid. Infinitamente menos gente, aunque eso sí con la misma buena actitud y que por supuesto tienen todo mi apoyo y respeto.

No obstante, me preocupa. Parece que nos han lavado al cerebro a y que esa juventud catalana supuestamente izquierdista y comprometida (que la hay), sólo es capaz de mover el culo si en la pancarta aparece la palabra “Independencia”. El resto, parece ser que es irrelevante. No digo que sean todos así, no dudo que hay independentistas en Plaza Catalunya. Tampoco estoy en contra de luchar pacífica y democráticamente por la independencia. Pero sí digo que me parece un gravísimo error convertirlo en el ÚNICO motivo de lucha para todo un país. Hay cosas igual o más importantes por las que merece la pena luchar. Más aún: si no luchamos también por esas otras cosas, conseguir la autodeterminación va a ser el menor de nuestros problemas y además una víctoria pírrica si se lograse, porque de poco va a servir ser independientes dentro de un mundo en el que la gente con conciencia de justicia social vamos a vivir con las tripas revueltas y la nariz tapada.

Debería esa gente, que tan buena respuesta tiene para otro tipo de protestas, pararse a pensar por un momento que ese pueblo de Madrid con el que demasiado a menudo generalizamos alegremente tildándolo de facha, retrógrado, pepero y demás lindezas, nos está dando al resto una verdadera lección de lo que es ser gente libre, comprometida y que lucha por sus derechos… y los de todos. Aún estamos a tiempo de demostrar que los catalanes también queremos un mundo mejor y que somos capaces de luchar por él. ¿Lo haremos?

11 pensamientos en “¿Revolución?

  1. Pingback: ¿Revolución?

  2. como siempre me a encantado,pero este articulo un poco mas en lo que se refiere a todo un pais, porque es como pienso yo y muchos de los que vivimos en Cataluña. mi enhorabuena como siempre y te apoyo en tu lucha de escribir las verdades que la mayoria compartimos.

  3. Necesario,ejemplar y oportuno el movimiento juvenil. Ahora hace falta que se estienda por toda España y que no pare hasta que los politicos tomen actitudes claras y concretar.
    Sin violencia y sin descanso. No solo los jóvenes sino TODOS.

    • En la constancia está la clave. Si persistimos, venceremos. Jóvenes y no tan jóvenes, por nosotros mismos o por nuestros hijos… no podemos dejar esta oportunidad de cambiar las cosas.

      Un saludo.

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