De titiriteros a marionetas

Anda la sociedad digital española subiéndose por las paredes, y no sin razón. La Ley Sinde es una atropello a las libertades individuales de tal calibre que incluso supera por varios cuerpos al canon digital, bonito eufemismo para denominar algo que más bien parece un impuesto revolucionario.

Las iras se centran muy especialmente en determinados artistas que, más allá de defender con vehemencia esta ley de tintes fascistoides, se han dado el lujo de insultar públicamente tanto a ciudadanos de a pie como a políticos, los mismos políticos que finalmente va a satisfacer sus demandas. No estaría de más saber a qué se debe el cambio de opinión de PP y CiU y su apoyo actual a la ley en Congreso y Senado. Tengo tendencia a dudar que lo que ayer era malo, hoy sea bueno como por arte de birlibirloque.

Tampoco estaría de más que algunas voces desde el PP se ahorrarán la demagogia de aplaudir en las redes sociales el (buen) discurso de Álex De la Iglesia en la gala de los Goya, cuando lo que De la Iglesia criticaba va a salir adelante con su voto favorable. A dios rogando y con el mazo dando…

Pero el mayor problema de todo este “movimiento Pro-Sinde” no es que defiendan sus privilegios como si de derechos inalienables se tratara. Al fin y al cabo, es legítimo que cada cual defienda sus intereses.

El verdadero problema es que por no ver más allá de su nariz, por la ceguera que les causa la avaricia y/o por esa obsesión en creer que sólo ellos tienen la razón y el resto somos simplemente ladrones o frikis, han abierto la puertas a la censura del siglo XXI y se han convertido en cómplice necesario de un ataque directo a nuestras libertades como ciudadanos y como pueblo. Creo que a los artistas les han señalado la luna, y se han quedado mirando al dedo. Los que una vez fueron llamados con intención despectiva “titiriteros” por el anterior gobierno, han pasado a ser las marionetas del gobierno actual.

Porque son sólo una cortina de humo, la excusa perfecta para sacar adelante una ley en la que el menor de los problemas, aunque sea la parte más mediática de la polémica, es poder o no poder descargar y compartir determinados archivos de contenido audiovisual. Han sido (conscientemente o no, prefiero pensar lo segundo…), el Caballo de Troya ideal para introducir en nuestra legislación a la Inquisición Digital.

La censura y la falta de garantías jurídicas vuelven a este país. Y para colmo de males vuelven de la mano de un gobierno que dice ser “de izquierdas” (y lo hacen sin sonrojarse, lo cual hay que admitir que tiene su mérito) y apoyado por los artistas. Esos artistas que, durante la injustificable e imperdonable guerra de Iraq, decían en voz alta -y con toda la razón del mundo- que “Ganar las elecciones no es un cheque en blanco. Tienen la obligación de escuchar al pueblo”. Incluso algunos de ellos, cuando eran más jóvenes (y más pobres, me atrevería a decir), lucharon contra la censura franquista. Sin embargo, ahora defienden la censura digital. Y en este tema concreto, ya no les parece tan claro eso de que el gobierno tenga la obligación de escuchar al pueblo.

Defender los privilegios de unos pocos nos costará la censura para todos. Perderemos libertad una vez más. Se eliminan de un plumazo las garantías judiciales propias de un estado de derecho para crear una suerte de Tribunal Inquisitorial en forma de comisión ministerial que decidirá aleatoriamente a qué debemos tener acceso en Internet y a qué no, y por lo tanto cercenará no sólo la libertad de expresión, también el derecho a la información.

Por si esto fuera poco, esa comisión ministerial estará formada por miembros escogidos a dedo por la Industria (Academia de Cine, SGAE y compañía) y el Ministerio de Cultura. No se puede ni se debe, en democracia, ser juez y parte. Pero la idea base es: “como los jueces no me dan la razón, me los quito de en medio”. No suena muy democrático.

Deben creer los artistas que el Gobierno les está devolviendo el favor que le hicieron en la última campaña electoral, con el famoso anuncio de “la ceja”. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que los está utilizando como coartada para una ley que, más que proteger la propiedad intelectual, lo que busca es mutilar la libertad intelectual en la red. No quieren más Wikileaks.

¿Alguien cree que con la Ley Sinde aprobada, no se hubiera impedido el acceso a mucha de la información publicada por Wikileaks? Tan sencillo como alegar que esos documentos pertenecen al Gobierno de EEUU y que Wikileaks no tiene licencia para publicarlo. Todo está ideado por y para los poderosos lobbys audiovisuales estadounidenses, no para proteger a los autores.

Dentro de unos años, pongamos tres o cuatro, deberíamos saber cuántas de las webs que va a cerrar la Ley Sinde serán páginas de descargas de música o cine, y cuántas serán páginas de información alternativa o de contenido político incómodo. Y la relevancia de unas y otras: porque no es lo mismo cerrar un blog con cuatro enlaces a discos descatalogados que cerrar Wikileaks.

Se admiten apuestas…

Miky Corregidor

6 pensamientos en “De titiriteros a marionetas

  1. Te has quedado agusto??? Hechaba de menos tus reflexiones, jejejeje!!! VIVA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN!!!!

    • jajaja… pues sí, me he quedado a gusto… hacía mucho que no escribía “en serio” y ya lo echaba de menos (como tú). ¡Así me desahogo!

      Ya sabes que el que tuvo, retuvo…😉

      Un abrazo, crack!!

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