los otros 300

Hace milenios, Egipto fue durante siglos la luz que iluminaba el mundo. La civilización capaz de realizar proezas que las demás apenas podían soñar. No hace falta extenderse en los detalles. Todos sabemos lo que significó Egipto para el mundo antiguo.

Hoy, siglos y siglos después, la luz que ilumina al mundo vuelve a estar en Egipto. El Faro de Alejandría se ha vuelto a encender, y ahora ilumina más que nunca. La lección de unidad, de constancia, de lucha, de resistencia pacífica de los egipcios, ha sido descomunal. No es fácil, y la historia así lo demuestra, derrocar a un dictador como Mubarak sin que todo termine en una sangrienta guerra civil. Los egipcios lo han logrado. Han conseguido que algunos descreídos como el que escribe volvamos a creer, aunque sea por unos días, en el mil veces pisoteado eslogan de “El pueblo unido jamás será vencido”.

Mientras en el primer mundo (horrible definición que intentaré no volver a usar), vemos lánguidamente desde nuestro sofá cómo los mercados nos roban nuestra democracia delante de las narices, Oriente Próximo se levanta y dice basta. Se habla sin parar sobre si esta revolución se expandirá a otros países de la zona. Yo espero (y creo) que sí. Ya está ocurriendo en mayor o menor medida en Yemen, Cisjordania o Argelia. También creo que en otros países costará más sangre de la que ha costado en Egipto, donde el inicialmente tibio y finalmente decidido apoyo del Ejército a la revuelta ha evitado una matanza de proporciones dramáticas y consecuencias imprevisibles.

La gran pregunta es si ese espíritu de pueblo unido capaz de todo, ese aire fresco que nos dice que los que mandan no pueden hacer lo que les venga en gana, ese mensaje claro y diáfano de que son los poderosos quienes deben temer al pueblo y no a la inversa, se expandirá también hacia Occidente. Ese Occidente que presume de ejemplo de democracia para el mundo mientras permite que los causantes de la crisis no sólo salgan impunes y eludan su responsabilidad, sino que les premia con plenos poderes para acabar con el estado del bienestar a mayor gloria de sus intereses personales, pasando por encima de las reglas del juego de la democracia como si de una alfombra roja se tratase. Occidente también necesita una revolución, indudablemente en unos términos radicalmente distintos a los de Oriente Próximo. Pero una revolución al fin y al cabo.

Durante estas semanas de esperanza en Egipto, merece comentario aparte la bochornosa actitud de Europa y EEUU en su apoyo (es un decir) al pueblo egipcio. Ha llegado a tal punto la desvergüenza de Occidente que ni tan siquiera se atrevían a hablar de “democracia” para Egipto. En un delirante ejercicio de hipocresía, hablaban de “estabilidad”, cuando resulta imposible para cualquiera (incluso para el diccionario) obviar que estabilidad es casi sinónimo de ausencia de cambios. Sólo Obama, en el último momento y seguramente forzado por las circunstancias, ha usado la palabra maldita (democracia) para hablar de la solución al conflicto egipcio.

¿Estabilidad? Bonita falacia para no decir que en realidad, la reacción del pueblo egipcio daba miedo en Europa y sobre todo en EEUU. Porque, como dice aquella frase que se atribuye a Roosevelt sobre el dictador Somoza: “Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Especialmente, para Israel y el lobby judío de EEUU, Mubarak era un instrumento útil. Los intereses del pueblo egipcio pasaban a un segundo plano, por supuesto. La democracia puede hacer que Egipto ya no sea la perfecta herramienta de los intereses estadounidenses e israelís en la zona, y eso no sólo no gusta. Además asusta. Por eso ahora, tras no haberse mojado cuando era necesario hacerlo, probablemente pretendan erigirse en los valedores del proceso de transición como garantía del mismo. Sinceramente, dudo que tengan la talla moral para hacerlo.

No puedo terminar sin antes recordar las más de 300 vidas que ha costado sacar a Mubarak de su poltrona. Curiosa la cifra, pues recuerda a la de aquellos héroes espartanos que resistieron en las Termópilas el avance de los persas, dando su vida para que su pueblo pudiera defenderse de la invasión de las tropas del Rey Jerjes. Después, Frank Miller los mitificó definitivamente con un cómic que casi los convirtió de héroes en superhéroes. Vaya desde aquí mi humilde homenaje a esos “otros 300” de Egipto, tan héroes como lo fueron aquellos 300 espartanos (si no más, pues mientras los espartanos eran guerreros por naturaleza, estos 300 sólo eran ciudadanos de a pie). Sólo queda esperar que su sacrificio no haya sido en vano, y que esta revolución no termine en una inmensa decepción como ha ocurrido con tantas otras.

Miky Corregidor

3 pensamientos en “los otros 300

  1. Bueno, eso de que el pueblo egipcio ha reaccionado, ¿no será como la reacción de España en la transición, ¿verdad? “Atado y bien atado”. Sólo que esta vez la “liberación” egipcia viene dictaminada por el capitalismo globalizador y su portavoz del diálogo, tolerancia cultural y todo deseable buen rollito, los Estado Unidos de América.
    Una reacción popular orquestada por los de siempre y que además parezca que ha sido cosa del pueblo. No quisiera estar yo en la piel de los egipcios; a saber qué vuelta de tuerca estarán aplicando desde la sombra. Y el servilismo periodístico, y su sumisión vergonzosa a las versiones oficiales no deja mucho en que confiar. Basura en la tele, en los periódicos, en la radio, en internet y en todo canal de comunicación humana. A ver en qué consiste la “liberación” de Egipto. Espero equivocarme.

    • A éso precisamente me refiero en mi última frase. El pueblo se ha echado a la calle con toda la ilusión del mundo… pero eso no garantiza nada. Igual que tantas otras ‘revoluciones’, puede ser cava barato, cuatro burbujas de euforia que durán un suspiro. Tenemos el ejemplo en casa: la transición española, esa que los medios nos venden como “ejemplar”, fue una verdadera pantomima basada en el clásico ‘cambiarlo todo para no cambiar nada’, donde nadie pagó sus culpas.

      En lo que no estoy de acuerdo es en que EEUU esté detrás de esta revuelta, al menos no del inicio. No tenía nada que ganar quitando a Mubarak o haciendo que el “virus Túnez” se expandiera por la zona. Ningún gobierno nuevo se lo va a poner más fácil que Mubarak, ¿para qué derrocarlo entonces?. Otra cosa es que, en el papel que les corresponde como Imperio Mundial, vigile que el cambio se haga a su gusto para proteger sus muchos intereses en la zona.

      Si habláramos de los Hermanos Musulmanes (y sus posibles socios extranjeros) como cerebros de la operación, me sonaría más razonable. Pero EEUU… no entiendo el beneficio que obtendría y, por tanto, lo dudo bastante. EEUU no hace nada que no les sea rentable geopolíticamente. Y una democracia fronteriza con Israel es menos rentable que un dictador dócil como era Mubarak.

      Un saludo y gracias por leer y comentar.

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