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Ya tardaban. Hacía demasiado tiempo que la Iglesia Católica, vía Conferencia Episcopal, no hacía una de sus ya clásicas campañas liberticidas. Pues bien, ya la tenemos aquí. La nueva intromisión obispal tiene por lema “Siempre hay una razón para vivir”, y está enmarcada en algo que ellos llaman “Campaña por la vida”. Ahora toca oponerse al derecho a una muerte digna. Como siempre, las iniciativas de la cúpula eclesiástica española no dejan a nadie indiferente y dan múltiples motivos para la reflexión… y para la indignación.

Comencemos por el nombre: “Siempre hay una razón para vivir”. ¿Siempre? ¿Así de seguro, así de categórico? ¿Una persona en muerte cerebral, que sobrevive (si es que eso es vivir) gracias a máquinas que respiran y bombean su sangre por ella, tiene razones para vivir? ¿Qué razones, si puede saberse? No estaría de más que las expusieran, porque a mí (que admito que debo ser poco imaginativo) no se me ocurre ninguna.

Porque la pregunta clave es: ¿éso es vivir? ¿Podemos llamar a éso VIDA, en toda la magnitud de la expresión? Intentemos imaginar lo que debe ser estar tumbado en una cama, sin poder comunicarse con nadie, sin saber qué ocurre a tu alrededor, si es de día o de noche, si hace frío o calor; sin poder notar una caricia o un beso, sin poder escuchar las palabras de aliento de los que te quieren… es decir: la nada absoluta. No se me ocurre nada más parecido a estar muerto. ¿Por qué alargar esa agonía? ¿En nombre de qué, de quién? ¿Con qué motivos, con qué esperanza? ¿Para qué sirve esa muerte en vida, más que para torturar ad aeternum a sus seres queridos?

Incluso tratándose de una situación menos extrema que la de una muerte cerebral o un coma irreversible, la decisión de si merece o no la pena vivir es algo tan íntimo, tan personal, que nadie más que la persona afectada tiene derecho a tomarla. Sea previamente por escrito, o en el mismo momento si aún está el enfermo en condiciones de expresar su voluntad. La eutanasia no es la apología de la muerte como nos quieren vender; es el derecho a una muerte digna, la posibilidad de elegir y de acabar con el sufrimiento innecesario, el propio y el ajeno. La diferencia es sustancial, y la manipulación de conceptos que hace la Iglesia, vergonzosa.

El concepto “Campaña por la vida” también se las trae… ¿Es que me he perdido algo? ¿Hay alguien promoviendo una “Campaña por la muerte” que hace necesaria una campaña en sentido contrario, y yo no me he enterado? Puro maniqueísmo, malintencionado y tendencioso. Repiten la estrategia que utilizan los grupos anti-abortistas cuando demagógicamente se hacen llamar “Grupos Pro-Vida”. Por pura lógica, esa definición lleva implícita la idea de que los que no estamos de su parte somos “Pro-Muerte”… lo cual resulta insultante y ofensivo. Sería conveniente que los medios de comunicación utilizasen el término correcto para referirse a ellos: Anti-abortistas, y que se dejen de eufemismos. “Pro-Vida” lo somos todos hasta que se demuestre lo contrario, estemos o no a favor de la libre elección en el tema del aborto y la eutanasia. Basta ya de pervertir el lenguaje en favor de sus intereses. A las cosas, por su nombre.

Casualmente (ejem, ejem..) esta campaña aparece justo cuando la tramitación de la llamada Ley de muerte digna es inminente. Los obispos se han apresurado a negar que esta campaña vaya “contra propuestas políticas de ningún tipo”. Evidentemente. Por supuesto. Faltaría más. Y los elefantes rosas vuelan moviendo las orejas, y hay un ratoncito la mar de majete que te deja dinero bajo la almohada cuando se te cae un diente. Todo igual de creíble. A otra tostada con esa mantequilla, señores obispos.

Como siempre, pretenden condicionar la política para que se ajuste a sus convicciones religiosas y a sus posiciones políticas ultraconservadoras. Ya está bien de aguantar siempre el mismo sermón. Que regulen el comportamiento de los católicos, me parece muy bien. Allá ellos con sus creencias. Pero esta ley, como la del aborto o la del matrimonio gay, ni obliga a nadie ni prohibe nada. ¿Por qué discutirla entonces? ¿Con qué argumentos?

Los católicos podrán seguir manteniendo a sus familiares enfermos pegados a máquinas, en un triste simulacro de vida, por los siglos de los siglos (amén); podrán seguir impidiendo a sus hijas abortar, sean cuales sean las condiciones del embarazo; e incluso algunos homosexuales católicos podrán formar honorables e intachables matrimonios católicos de toda la vida y tener su parejita de vástagos en su hogar dulce hogar, para poder esconder así su condición sexual a sus familiares, como han venido haciendo desde siempre.

Así que, ¿a qué tanto ruido? ¿Acaso estas leyes vulneran sus derechos o libertades? Es evidente que no, puesto que hablamos de leyes que otorgan nuevas libertades a quien las quiera ejercer, y no recortan las de nadie. Ellos podrán seguir viviendo conforme a sus creencias como hasta ahora, sin que nadie se entrometa en ello y sin ningún tipo de problema ni injerencia… Pero resulta que a los católicos les molesta que los demás tengamos libertad para decidir, y les molesta más aún cuando decidimos vivir nuestra vida bajo códigos éticos distintos a los suyos, que como es bien sabido son los únicos verdaderos, puros e irrefutables. La pregunta es: ¿Quién les ha dado vela en nuestro entierro?

Señores obispos, y católicos en general: si hay una razón para vivir o no, es una decisión de cada persona en la que ustedes no pintan absolutamente nada. Para lo que no hay ninguna razón, es para que sigan metiendo sus apostólicas y romanas narices en la vida de los demás. Si tanto les preocupa cómo vivimos nuestra vida, empiecen por dejarnos vivirla en paz.

Les regalo una idea para el lema de su próxima campaña: Siempre hay una razón para DEJAR vivir

…aunque eso no lo verán mis ojos, ¿me equivoco?

Esta entrada viene motivada por dos hechos que aparentemente no están directamente relacionados entre si. O tal vez sí.

Para empezar, ayer leí que la Conferencia Episcopal reelegía al ínclito monseñor Rouco Varela como su presidente. Había otras opciones, por lo visto algunas de un talante más dialogante y menos conservador. Incluso se dice que algunos de esos candidatos, a diferencia de Rouco, eran conscientes de que vivimos en el siglo XXI. Pero no, los obispos han elegido de nuevo a la vieja guardia, mantenerse en su discurso liberticida, intransigente, arcaico y desfasado y no moverse ni un milímetro. ¡Prietas las filas! Seguirán añorando el nacional-catolicismo de “tiempos mejores” y atacando fanáticamente todo lo que huela a libertad, sea física o mental. ¿Mala noticia? Pues depende… luego lo hablamos.

Antes quiero hablar del segundo hecho: esta mañana he despertado en Facebook con un link a un blog: http://catolicoscontralaciencia.blogspot.com/.

Lo cierto es que ha causado sensación y hemos estado varios amigos leyendo y debatiendo alegremente sobre las locuras que escribe el autor, un tal “Mártir Piadoso” y su socio, el inefable “Salvador de Homosexuales”. Cosas como que el calentamiento global se debe al aumento de la homosexualidad que llena el infierno, y por lo tanto a más calderas encendidas, más calor. Delirante.

Obviamente, es un blog satírico, una inteligente burla al catolicismo más fanático y extremista. Felicito al autor/es porque me parece una excelente idea. Sólo hay que ver la cantidad de personas que responden con agresividad e indignación a sus entradas para ver que consigue el objetivo: hacer dudar de si es un cachondo o un loco peligroso.

Pero la lectura más interesante del asunto está en pensar por qué tanto yo, como mis amigos de facebook o la gente que contesta en el blog hemos creído sin demasiado asombro, y aunque sólo sea por un momento, que un blog de ese estilo PODRÍA existir . Es decir: mucha gente cree (creemos) que ese tipo de posturas fuera de lugar, irracionales, absurdas y casi surrealistas, tienen cabida en la actual Iglesia Católica. Si yo fuera católico, me preocuparía. El blog triunfa gracias al concepto de “se non è vero, è ben trovato…” Un dato que nos habla de una institución realmente tocada en su imagen pública, aunque con una mala salud de hierro

La imagen que la sociedad tiene de la Iglesia es la de una institución estancada, ciega y sorda (aunque no muda, por desgracia), fanatizada e incapaz de evolucionar al mismo ritmo que la sociedad. Después de decir salvajadas como que el preservativo no protege contra el SIDA, después de ocultar los numerosos casos de pederastia, de no abrir su puertas a la mujer, de no renunciar al absurdo celibato y un larguísimo etcétera, digamos que los no que somos católicos pensamos que son capaces de hacer y decir cualquier barbaridad en cualquier momento. Incluso, como dicen con sorna en el blog, de defender que la Tierra es plana.

Y aquí es donde confluyen los dos hechos (no tan) aislados. La elección de Rouco es una prueba más de que no tienen la más mínima intención de racionalizar su obsoleto discurso, de actualizar su retrógrado ideario. Ni una concesión a adaptarse al mundo real, a integrarse en la sociedad actual o a abrir sus ventanas para que entre aire fresco. Enroque absoluto, inmovilismo a cualquier precio, y que salga el sol por Antequera. A pesar de haber cometido ese mismo error cientos de veces, son incapaces de aprender de su propia historia.

Esa nula capacidad de reacción y adaptación, es lo que hace que tanta gente llegue a creer que disparates como los del blog podrían llegar a ser reales. No sabemos dónde está el límite, porque cuando el límite lo marca algo tan intangible como la fe, puede estar en cualquier parte. Hay demasiado fanatismo, demasiado poseedor de la “verdad absoluta” como para descartar al 100% que alguien pueda escribir ese tipo de locuras desde el más terco y enfermizo convencimiento. De hecho, hay webs reales que no andan tan lejos de lo que publican en ese blog.

Para mí, esa radicalización no es necesariamente negativa. Y no lo es porque manteniendo su aislamiento y su falta de mano izquierda (y nunca mejor dicho), lo que consiguen en realidad es debilitarse. Provocar una sangría de fieles, acabar con las vocaciones, perder toda credibilidad… en resumen: perder poder. El verdadero objetivo histórico de la jerarquía católica.

Sí, las cifras de católicos se mantienen, pero es sólo por la ridícula tradición que hay en muchos países de bautizar a los bebés, no como hecho religioso sino como evento social. Se valen de esas cifras para decir que el mundo hay millones y millones de católicos. Falso. Hay millones de bautizados, que es distinto. Las misas están vacías, los seminarios están vacíos, los curas tienen una media de edad altísima y tienen que atender varias parroquias cada uno porque no hay recambio generacional. Bautizados, muchos. Católicos reales, muchísimos menos.

La parte mala de estas posturas reaccionarias es que hay que aguantar sus absurdas declaraciones día sí y día también, sus rancias manifestaciones anti-todo y sobre todo su permanente intención de condicionar la política en temas claves para conseguir una sociedad libre como son el aborto, la eutanasia o los derechos de los homosexuales, y su empecinamiento en que todos, católicos o no, tengamos que vivir bajo su doctrina y con leyes a medida de sus consideraciones morales. La parte buena es cada día que pasa son más y más débiles. Y eso, para los que no sentimos el más mínimo aprecio por la institución católica y la consideramos un estorbo para el avance del ser humano; para laicos, ateos o agnósticos, incluso para los cristianos no católicos (conviene no confundir términos), es una gran noticia.

La Iglesia cambiará o caerá, no tiene más salidas. Y parece que han optado por la segunda opción. Me parece perfecto. Mucho me temo que yo no llegaré a verlo, pero a medio plazo es una decisión abolutamente suicida. Y como el suicidio es pecado… quizá acaben todos en el infierno rodeados de sodomitas, ateos, rojos, rockeros, internautas y demás gente de mal vivir. Sería una divertida paradoja.

Miky Corregidor