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Esta entrada viene motivada por dos hechos que aparentemente no están directamente relacionados entre si. O tal vez sí.

Para empezar, ayer leí que la Conferencia Episcopal reelegía al ínclito monseñor Rouco Varela como su presidente. Había otras opciones, por lo visto algunas de un talante más dialogante y menos conservador. Incluso se dice que algunos de esos candidatos, a diferencia de Rouco, eran conscientes de que vivimos en el siglo XXI. Pero no, los obispos han elegido de nuevo a la vieja guardia, mantenerse en su discurso liberticida, intransigente, arcaico y desfasado y no moverse ni un milímetro. ¡Prietas las filas! Seguirán añorando el nacional-catolicismo de “tiempos mejores” y atacando fanáticamente todo lo que huela a libertad, sea física o mental. ¿Mala noticia? Pues depende… luego lo hablamos.

Antes quiero hablar del segundo hecho: esta mañana he despertado en Facebook con un link a un blog:
http://catolicoscontralaciencia.blogspot.com/
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Lo cierto es que ha causado sensación y hemos estado varios amigos leyendo y debatiendo alegremente sobre las locuras que escribe el autor, un tal “Mártir Piadoso” y su socio, el inefable “Salvador de Homosexuales”. Cosas como que el calentamiento global se debe al aumento de la homosexualidad que llena el infierno, y por lo tanto a más calderas encendidas, más calor. Delirante.

Obviamente, es un blog satírico, una inteligente burla al catolicismo más fanático y extremista. Felicito al autor/es porque me parece una excelente idea. Sólo hay que ver la cantidad de personas que responden con agresividad e indignación a sus entradas para ver que consigue el objetivo: hacer dudar de si es un cachondo o un loco peligroso.

Pero la lectura más interesante del asunto está en pensar por qué tanto yo, como mis amigos de facebook o la gente que contesta en el blog hemos creído sin demasiado asombro, y aunque sólo sea por un momento, que un blog de ese estilo PODRÍA existir . Es decir: mucha gente cree (creemos) que ese tipo de posturas fuera de lugar, irracionales, absurdas y casi surrealistas, tienen cabida en la actual Iglesia Católica. Si yo fuera católico, me preocuparía. El blog triunfa gracias al concepto de “se non è vero, è ben trovato…” Un dato que nos habla de una institución realmente tocada en su imagen pública, aunque con una mala salud de hierro

La imagen que la sociedad tiene de la Iglesia es la de una institución estancada, ciega y sorda (aunque no muda, por desgracia), fanatizada e incapaz de evolucionar al mismo ritmo que la sociedad. Después de decir salvajadas como que el preservativo no protege contra el SIDA, después de ocultar los numerosos casos de pederastia, de no abrir su puertas a la mujer, de no renunciar al absurdo celibato y un larguísimo etcétera, digamos que los no que somos católicos pensamos que son capaces de hacer y decir cualquier barbaridad en cualquier momento. Incluso, como dicen con sorna en el blog, de defender que la Tierra es plana.

Y aquí es donde confluyen los dos hechos (no tan) aislados. La elección de Rouco es una prueba más de que no tienen la más mínima intención de racionalizar su obsoleto discurso, de actualizar su retrógrado ideario. Ni una concesión a adaptarse al mundo real, a integrarse en la sociedad actual o a abrir sus ventanas para que entre aire fresco. Enroque absoluto, inmovilismo a cualquier precio, y que salga el sol por Antequera. A pesar de haber cometido ese mismo error cientos de veces, son incapaces de aprender de su propia historia.

Esa nula capacidad de reacción y adaptación, es lo que hace que tanta gente llegue a creer que disparates como los del blog podrían llegar a ser reales. No sabemos dónde está el límite, porque cuando el límite lo marca algo tan intangible como la fe, puede estar en cualquier parte. Hay demasiado fanatismo, demasiado poseedor de la “verdad absoluta” como para descartar al 100% que alguien pueda escribir ese tipo de locuras desde el más terco y enfermizo convencimiento. De hecho, hay webs reales que no andan tan lejos de lo que publican en ese blog.

Para mí, esa radicalización no es necesariamente negativa. Y no lo es porque manteniendo su aislamiento y su falta de mano izquierda (y nunca mejor dicho), lo que consiguen en realidad es debilitarse. Provocar una sangría de fieles, acabar con las vocaciones, perder toda credibilidad… en resumen: perder poder. El verdadero objetivo histórico de la jerarquía católica.

Sí, las cifras de católicos se mantienen, pero es sólo por la ridícula tradición que hay en muchos países de bautizar a los bebés, no como hecho religioso sino como evento social. Se valen de esas cifras para decir que el mundo hay millones y millones de católicos. Falso. Hay millones de bautizados, que es distinto. Las misas están vacías, los seminarios están vacíos, los curas tienen una media de edad altísima y tienen que atender varias parroquias cada uno porque no hay recambio generacional. Bautizados, muchos. Católicos reales, muchísimos menos.

La parte mala de estas posturas reaccionarias es que hay que aguantar sus absurdas declaraciones día sí y día también, sus rancias manifestaciones anti-todo y sobre todo su permanente intención de condicionar la política en temas claves para conseguir una sociedad libre como son el aborto, la eutanasia o los derechos de los homosexuales, y su empecinamiento en que todos, católicos o no, tengamos que vivir bajo su doctrina y con leyes a medida de sus consideraciones morales. La parte buena es cada día que pasa son más y más débiles. Y eso, para los que no sentimos el más mínimo aprecio por la institución católica y la consideramos un estorbo para el avance del ser humano; para laicos, ateos o agnósticos, incluso para los cristianos no católicos (conviene no confundir términos), es una gran noticia.

La Iglesia cambiará o caerá, no tiene más salidas. Y parece que han optado por la segunda opción. Me parece perfecto. Mucho me temo que yo no llegaré a verlo, pero a medio plazo es una decisión abolutamente suicida. Y como el suicidio es pecado… quizá acaben todos en el infierno rodeados de sodomitas, ateos, rojos, rockeros, internautas y demás gente de mal vivir. Sería una divertida paradoja.

Miky Corregidor

Anda la sociedad digital española subiéndose por las paredes, y no sin razón. La Ley Sinde es una atropello a las libertades individuales de tal calibre que incluso supera por varios cuerpos al canon digital, bonito eufemismo para denominar algo que más bien parece un impuesto revolucionario.

Las iras se centran muy especialmente en determinados artistas que, más allá de defender con vehemencia esta ley de tintes fascistoides, se han dado el lujo de insultar públicamente tanto a ciudadanos de a pie como a políticos, los mismos políticos que finalmente va a satisfacer sus demandas. No estaría de más saber a qué se debe el cambio de opinión de PP y CiU y su apoyo actual a la ley en Congreso y Senado. Tengo tendencia a dudar que lo que ayer era malo, hoy sea bueno como por arte de birlibirloque.

Tampoco estaría de más que algunas voces desde el PP se ahorrarán la demagogia de aplaudir en las redes sociales el (buen) discurso de Álex De la Iglesia en la gala de los Goya, cuando lo que De la Iglesia criticaba va a salir adelante con su voto favorable. A dios rogando y con el mazo dando…

Pero el mayor problema de todo este “movimiento Pro-Sinde” no es que defiendan sus privilegios como si de derechos inalienables se tratara. Al fin y al cabo, es legítimo que cada cual defienda sus intereses.

El verdadero problema es que por no ver más allá de su nariz, por la ceguera que les causa la avaricia y/o por esa obsesión en creer que sólo ellos tienen la razón y el resto somos simplemente ladrones o frikis, han abierto la puertas a la censura del siglo XXI y se han convertido en cómplice necesario de un ataque directo a nuestras libertades como ciudadanos y como pueblo. Creo que a los artistas les han señalado la luna, y se han quedado mirando al dedo. Los que una vez fueron llamados con intención despectiva “titiriteros” por el anterior gobierno, han pasado a ser las marionetas del gobierno actual.

Porque son sólo una cortina de humo, la excusa perfecta para sacar adelante una ley en la que el menor de los problemas, aunque sea la parte más mediática de la polémica, es poder o no poder descargar y compartir determinados archivos de contenido audiovisual. Han sido (conscientemente o no, prefiero pensar lo segundo…), el Caballo de Troya ideal para introducir en nuestra legislación a la Inquisición Digital.

La censura y la falta de garantías jurídicas vuelven a este país. Y para colmo de males vuelven de la mano de un gobierno que dice ser “de izquierdas” (y lo hacen sin sonrojarse, lo cual hay que admitir que tiene su mérito) y apoyado por los artistas. Esos artistas que, durante la injustificable e imperdonable guerra de Iraq, decían en voz alta -y con toda la razón del mundo- que “Ganar las elecciones no es un cheque en blanco. Tienen la obligación de escuchar al pueblo”. Incluso algunos de ellos, cuando eran más jóvenes (y más pobres, me atrevería a decir), lucharon contra la censura franquista. Sin embargo, ahora defienden la censura digital. Y en este tema concreto, ya no les parece tan claro eso de que el gobierno tenga la obligación de escuchar al pueblo.

Defender los privilegios de unos pocos nos costará la censura para todos. Perderemos libertad una vez más. Se eliminan de un plumazo las garantías judiciales propias de un estado de derecho para crear una suerte de Tribunal Inquisitorial en forma de comisión ministerial que decidirá aleatoriamente a qué debemos tener acceso en Internet y a qué no, y por lo tanto cercenará no sólo la libertad de expresión, también el derecho a la información.

Por si esto fuera poco, esa comisión ministerial estará formada por miembros escogidos a dedo por la Industria (Academia de Cine, SGAE y compañía) y el Ministerio de Cultura. No se puede ni se debe, en democracia, ser juez y parte. Pero la idea base es: “como los jueces no me dan la razón, me los quito de en medio”. No suena muy democrático.

Deben creer los artistas que el Gobierno les está devolviendo el favor que le hicieron en la última campaña electoral, con el famoso anuncio de “la ceja”. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que los está utilizando como coartada para una ley que, más que proteger la propiedad intelectual, lo que busca es mutilar la libertad intelectual en la red. No quieren más Wikileaks.

¿Alguien cree que con la Ley Sinde aprobada, no se hubiera impedido el acceso a mucha de la información publicada por Wikileaks? Tan sencillo como alegar que esos documentos pertenecen al Gobierno de EEUU y que Wikileaks no tiene licencia para publicarlo. Todo está ideado por y para los poderosos lobbys audiovisuales estadounidenses, no para proteger a los autores.

Dentro de unos años, pongamos tres o cuatro, deberíamos saber cuántas de las webs que va a cerrar la Ley Sinde serán páginas de descargas de música o cine, y cuántas serán páginas de información alternativa o de contenido político incómodo. Y la relevancia de unas y otras: porque no es lo mismo cerrar un blog con cuatro enlaces a discos descatalogados que cerrar Wikileaks.

Se admiten apuestas…

Miky Corregidor