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Después de ver por streaming  la asamblea de Sol (fantástico poderlo hacer), me hierve la cabeza. La asamblea debía decidir si seguía la acampada o no, y hasta cuándo. Me debatía entre la idealismo de quedarse y el pragmatismo de levantar las acampadas. Entre lo que pide el corazón, y lo que indica la cabeza.

Sol ha decidido quedarse. La primera impresión que tengo es que más que llegar a ese acuerdo, simplemente siguen porque no han sido capaces de lograr ningún otro acuerdo, así que se quedan las cosas como estaban. Algo lógico el no llegar a consensos cuando pretendes tomar las decisiones por unanimidad y no por mayoría en una asamblea con más de 3.000 personas, entre las cuales algunos “lobbys” que como ya dije en otro artículo, sólo están allí buscando aprovechar la fuerza del 15M para intentar conseguir sus propias reivindicaciones. Si estamos reclamando más democracia, ¿por qué las asambleas no deciden democráticamente por mayoría, en lugar de andar buscando consensos casi imposibles, porque bastan cuatro discordantes para boicotearlos?

Ayer ví a mucha gente intentando aportar cosas interesantes y positivas, y a muchos otros gritando consignas y frases hechas como loros… estos últimos son los que creen ser los revolucionarios auténticos, mientras a los primeros se les tacha incluso de infiltrados. Digno de reflexión, cuanto menos. Pedir más democracia mientras faltas al respeto al que comparte el objetivo pero no los métodos, no parece la mejor manera de dar ejemplo. Y además, recuerda a errores pasados que pagamos muy caros…

Ver la asamblea ha hecho que me decante definitivamente por mi lado pragmático. Los eslogans han derrotado a los argumentos. Tuvo más peso el emotivo y compungido discurso de la compañera extremeña que todas las razones esgrimidas antes de su intervención. Creo que es un error. Las acampadas son el medio, no el fin. Su función está cumplida. Han despertado a la gente, han encendido el fuego, han parido la revuelta. Pero el inmovilismo no conduce a nada. Debemos seguir avanzando, buscar nuevas estrategias como concentraciones semanales, manifestaciones, mantener un punto de contacto y las asambleas en Sol y el resto de plazas, descentralizar las protestas potenciando la idea de expandirse por los barrios y pueblos, seguir trabajando en la red, etc… y si no hay avances y se tiene que volver, se vuelve.

Pasar a la siguiente fase del proceso para crecer. Lo nuevo gusta, lo mucho cansa. Un paso adelante significaría un soplo de aire fresco para motivar a muchos que están un tanto hastiados con las acampadas, para tomar impulso de cara a continuar la lucha, para tomar aire y descansar (me gustaría saber cuántos de los que han votado por no mover las acampadas están todo el día allí y son conscientes del desgaste y el sacrificio que conlleva…). Las acampadas ya se están expandiendo fuera de nuestras fronteras (Francia, Grecia…). El movimiento no morirá por salir de las plazas en España. Al contrario, se está debilitando porque se está destinando más tiempo y esfuerzo en organizar los campamentos que en formalizar y concretar las propuestas. Nos toca dar el siguiente paso. Porque soñar es muy bonito, pero conseguir lo que te propones es infinitamente mejor. Que muchos miembros de las comisiones estén de acuerdo en desacampar, no es un dato que deba ser pasado por alto.

Lo de menos son las veladas amenazas de la policía, que han comunicado al 15M que a partir del martes “rompe la comunicación”. No se trata de miedo, se trata de estrategia. Nada ganamos con quedarnos pataleando indefinidamente. Si no demostramos que somos capaces de tener alternativas, si damos imagen de estancamiento, si no articulamos una manera efectiva de convertir todo esto en exigencias reales y de llevarlas donde corresponde, mal asunto. Por eso creo que lo mejor sería fijar una fecha para levantar los campamentos, dando un margen razonable para organizar bien la salida. Por varias razones: tener unos días para decidir los nuevos pasos a dar y el consenso de mínimos, deslegitimar cualquier intento de desalojo, y no dar la impresión de que nos vamos por miedo a lo ocurrido en Barcelona con la infame violencia policial, sino porque es lo mejor para nuestros objetivos.

He leído una frase que me ha gustado: “No es que vayamos muy despacio, es que vamos muy lejos”. No podría estar más de acuerdo. Pero tengo la impresión de que no llegaremos nunca si no salimos de las plazas y damos un paso adelante. No por quedarnos vamos a vencer, por más que se empeñen algunos en venderlo así. Del mismo modo, levantar los campamentos no significa abandonar la causa, sino todo lo contrario: es el siguiente paso lógico para seguir el camino.

A todos nos emocionan esas imágenes de las plazas llenas de gente. Sol es un símbolo de valor incalculable. Pero hay que ser fríos; si nos quedamos lo más probable es que las plazas estén cada vez menos llenas, a no ser que los gobernantes vuelvan a cometer el error de enviar a la policía a darnos de hostias. Pero no podemos esperar que nos resuciten a palos cada vez que perdemos fuelle. Esto es un tablero de ajedrez, y nos toca mover ficha.

Que conste que aunque crea que esto es un error, respeto la decisión de la asamblea y sigo apoyando al 15M. Lo importante es no dividirnos y seguir adelante. Sólo pido un poco de reflexión serena y menos intransigencia. Y, por supuesto, espero estar completamente equivocado y que la decisión tomada haya sido la correcta. Pero permitidme que lo dude.

PD: No quiero terminar sin condenar firmemente la actuación desmedida e injustificada de los “Grises d’Esquadra el pasado viernes en Plaza Catalunya, y exigir el cese del impresentable fascistoide Felip Puig, por inepto y represor. Y también dar todo el apoyo del mundo a los compañeros de París que han tenido que sufrir también la violencia de su policía por sumarse a la rebelión. Volverán a tomar la Bastilla, y esta vez sin guillotinas.

Más de una semana llevamos en las calles. Más de una semana de organización, reivindicación, propuestas, asambleas… La ilusión sigue ahí, el ejemplo está vivo. No obstante, veo cosas que me preocupan.

Esta situación no puede ser eterna. Corremos el riesgo de que llegue el cansancio, puede que incluso el desánimo. Y si cambiamos la indignación por la desilusión, todo esto empezará a diluirse como un azucarillo que dejará un dulce recuerdo pero ninguna solución, ningún cambio real. Creo que estamos cometiendo un grave error en un asunto vital como es el de transformar esta indignación y esta protesta en propuestas concretas. Me uno al movimiento de gente que pide de una vez un consenso de mínimos que nos lleve a no perder apoyos de ningún tipo y a presentar unas propuestas lógicas, razonables y justas.

Ver las asambleas es tan ilusionante por lo general como decepcionante por momentos. Algo menos en la Puerta del Sol, más en una Plaza Catalunya que por momentos ha perdido de vista el objetivo primigenio de la #spanishrevolution. Ver en Barcelona a un okupa intentando arrimar el ascua a su sardina, pidiendo que fuéramos todos al día siguiente a la puerta de un juicio a unos colegas suyos, da una visión del tipo de aprovechados que circulan por las asambleas. Gente, grupos, que no están ahí en la búsqueda de un bien común, sino a ver qué pueden rascar en beneficio de sus intereses, movimientos o ideologías.

Hemos pasado de un mensaje claro y fácilmente entendible como era “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros” a un tótum revolútum en el que se mezclan propuestas de todo tipo sin ton ni son, lo que ha llevado a demasiada gente a no entender con claridad de qué va esto realmente y a desencantarse con un movimiento que creían transversal. Cuando veo cosas como la “Comisión de espiritualidad”, a mí también me cuesta entender algunas cosas.

El error básico es estar elaborando un programa. No somos un partido político, y por lo tanto no hay que elaborar un programa, sino plantear unas exigencias y definir unas líneas de actuación que nos lleven a esa verdadera democracia que estamos reclamando. Si seguimos por este camino, nos convertiremos en un partido más, sólo que con un programa mejor. Mejor para mí, quiero decir. De hecho, no será un programa muy alejado del de Izquierda Unida

Comprendo que es un mal inevitable en una organización asamblearia la aparición de propuestas absurdas y/o desubicadas. Pero debemos ser conscientes del riesgo que esto representa para la suerte del movimiento 15M. No es momento de exigir la Tercera República o el Estado Laico. Ni mucho menos de asuntos como despenalizar la okupación, la legalización del marihuana, el cierre de las nucleares, la abolición del toreo, etc… Por mucho que yo, a título personal, esté de acuerdo con el 99% de esas reivindicaciones, no es el momento ni el lugar.

No todos los indignados pertenecen a la extrema izquierda. No todos son comunistas o anarquistas. No todos los indignados son republicanos, ni ateos, ni ecologistas, ni feministas, ni okupas… Muchos no entienden de marxismo ni de troskismo, y les importa un pimiento quienes fueron Bakunin, Durruti y hasta el mismísimo Ché Guevara. Lo único que nos une es que somos personas hartas de este sistema político y financiero que se ríe de los ciudadanos y nos condena a vivir cada vez peor para que ellos vivan cada vez mejor. Por lo tanto, hay dos alternativas: o recuperamos el espíritu original del 15M, o creamos una división insalvable, rompemos todos los puentes y matamos la gallina de los huevos de oro.

Así que me sumo a la petición de cordura a las asambleas. Pactemos un acuerdo de mínimos claro e integrador. Tres o cuatro grandes puntos en los que todos estemos de acuerdo, incluída mucha gente que ni siquiera ha estado en la manifestación ni en las acampadas.

Mis propuestas para ese consenso:

- REFORMA DE LA LEY ELECTORAL:

* Circunscripción única para que el voto de todo ciudadano valga lo mismo ante las urnas. Lograr un sistema de elección justo donde a un partido no le cueste 500.000 votos conseguir un escaño mientras a otro le basta con 70.000, como ocurre ahora. El Parlamento debe ser un reflejo fiel de la voluntad ciudadana y ahora, Ley D’Hondt mediante, no lo es. Otorgar el valor que merece al voto en blanco.

* Listas abiertas para que no sean los partidos los que decidan qué personas entran en las instituciones, sino los ciudadanos. Prohibición de incluir en las listas electorales a imputados y condenados por corrupción.

* Regenerar la actual democracia para que las decisiones las tome el pueblo y lleguen desde las bases a los representantes políticos, siendo estos los responsables de ejecutarlas. Consultas mediante referéndum vinculante en los temas de mayor importancia.

- TRANSPARENCIA Y DEBERES DE LOS POLÍTICOS:

* Transparencia absoluta de los ingresos y el patrimonio de los políticos electos y sus familiares; tanto antes como durante y después de su mandato. Reducción de los sueldos a recibir por su función y eliminación de las pensiones vitalicias, buscando así tener políticos vocacionales y no motivados por un sueldo fácil, generoso y garantizado.

* Prohibición de recibir más de un sueldo del erario público a la vez, para evitar que haya políticos cobrando hasta tres sueldos simultáneamente por ocupar varios cargos, como ocurre ahora. Control del absentismo. Pérdida del puesto si el absentismo supera un límite prefijado. Dotar de carácter vinculante a los programas electorales, para que no sean promesas sino compromisos a cumplir.

* Reforma de la ley de financiación de partidos y sindicatos, limitando drástica y progresivamente el dinero público recibido y fijando techos de endeudamiento.

- ECONOMÍA, FINANZAS y TRABAJO:

* Referéndum urgente para decidir sobre el rescate con dinero público de bancos y cajas con problemas financieros, y en caso de hacerlo bajo qué condiciones. Este referéndum deberá tener carácter retroactivo en lo referente al dinero ya prestado a la banca.

* Limitación de las retribuciones económicas de los grandes directivos de banca y multinacionales. Ligar esos salarios y bonus a los del trabajador peor pagado de la empresa, de modo que para subir unos haya que subir también los otros en unos porcentajes que beneficien siempre ampliamente al más bajo. De este modo se logrará acercar los salarios más bajos a los más altos en cada empresa y por extensión en la sociedad.

* Renegociación de la última reforma laboral y de pensiones. Garantías de mejora en políticas sociales y vivienda. Aumento de la presión fiscal sobre las rentas más altas, extrema vigilancia de los paraísos fiscales y reforma de las SICAV para que dejen de ser las herramientas legales de fraude de las grandes fortunas.

* Aprobación de una ley, con carácter retroactivo, que garantice que la dación en pago de la vivienda en casos de embargo salda completamente la deuda contraída, dando así a las personas con problemas económicos graves la posibiliad de empezar de cero que ahora no tienen.

LIBERTADES Y GARANTÍAS:

* Ley de transparencia y acceso a la información pública; que permita que cualquier ciudadano tenga acceso a los datos del gasto público y pueda saber exactamente en qué y cómo se invierte el dinero público.

* Separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial; nueva legislación para no dejar en manos de los partidos políticos la elección de jueces y magistrados, de manera que estos puedan actuar con independencia y no sujetos a intereses particulares ni partidistas.

Ésta es mi humilde opinión. Creo que se trata de propuestas concretas, fáciles de explicar y con las que una gran mayoría de los ciudadanos estaría de acuerdo. Y lo más importante: creo que serían un primer paso definitivo para lograr una democracia real en la que todos fuéramos partícipes y no meros espectadores, y nos sintiéramos cómodos, representados y libres. Una vez lograda esta “Democracia 2.0″, será el momento de que los ecologistas hagan sus propuestas, los republicanos las suyas, las laicos las suyas, y así sucesivamente hasta lograr ese mundo con el que muchos soñamos, sabiendo que van a tener muchas más posibilidades de lograr sus objetivos de las que tienen ahora. Siempre, claro está, que el pueblo que sí será entonces soberano y tendrá la última palabra, las acepte.

Porque si lo exigimos todo ahora, podemos quedarnos sin nada. Y sería imperdonable dejar pasar esta gran oportunidad, tal vez irrepetible para esta generación perdida que no se resigna a serlo.

Escribía el lunes, tras el éxito de las manifestaciones del 15M convocada por Democracia Real Ya, que estaba por ver si era todo una pataleta o si estábamos ante algo mucho más serio… dos días después, mi habitual escepticismo empieza a ceder terreno: esto es mucho más que una pataleta. ¿Tanto como una revolución? Veremos.

Ayer, la inercia de la energía generada por la manifestación hizo que unos pocos valientes se decidieran a acampar pacíficamente en la Puerta del Sol de Madrid. Gracias otra vez a Twitter, algunos más se sumaron en otras ciudades. Eran pocos, casi residuales. Con un enorme apoyo en las redes, sí, pero presencialmente muy pocos. Hasta que los políticos de este país, en un denodado esfuerzo por demostrar que Democracia Real Ya tiene razón, hicieron gala de toda su estupidez, torpeza y estrechez de miras: ordenaron a los antidisturbios desalojar la plaza por la fuerza. Las imágenes de un montón de “Robocops” llevándose a rastras a pacíficos ciudadanos que ejercían un derecho constitucional sin generar disturbio alguno, se convirtió en la chispa necesaria para encender definitivamente la mecha. Supongo que nunca oyeron hablar del “Efecto Streisand”.

Durante todo el día, Twitter fue un hervidero de comentarios que saturó su servidor al mismo ritmo que iba calentando los ánimos del personal. Cada vez más gente se indignaba y se sumaba al movimiento. Tanto que incluso se convocaron concentraciones en las embajadas de Londres, en Turquía, Islandia y hasta en México. Al llegar la hora convenida, Sol se llenó hasta la bandera. Miles de personas de todo tipo, edad y condición se unían para exigir democracia, democracia de verdad y no esta pantomima en la que vivimos. El ambiente, las consignas, esa sensación de pueblo unido en una causa común, hizo que muchos empezásemos a pensar que realmente se estaba cociendo algo importante, y que algunos políticos, periodistas y tertulianos que se reían mucho el domingo y ninguneaban el movimiento hablando de “cuatro violentos antisistema”, empezaran a fruncir el ceño, preocupados. Y con razón.

No soy de los que opina, como hacen algunos en mi opinión sobreexcitados, que estemos ante una “Plaza Tahrir a la española”. Dista mucho este movimiento de ser una revolución del calibre de la egipcia. Tampoco la situación social es comparable, por supuesto. Pero sí creo que es un primer paso histórico, la primera vez en democracia que el pueblo se echa a la calle sin que medie la convocatoria y organización de algún partido, sindicato o similar. Posiblemente, el movimiento social más interesante desde la transición. Es casi imposible que todo esto no recuerde, aunque sea vagamente, a aquel mayo del 68. Quizá en un futuro se hable de un “mayo de 2011″. Quién sabe.

Lo que es evidente, es que algo está cambiando. Que esto puede ser el principio de una nueva manera de entender la democracia. Democracia 2.0, le llaman ya algunos. Una democracia más cercana, donde no corten el bacalao los órganos internos de los partidos y donde se vote a personas más que a siglas. Más libre, donde los derechos de reunión, manifestación o expresión no sean violentados por las porras de la policía. Más transparente, donde la prensa no sea un traje a medida para la manipulación informativa de los políticos. Más social, donde el bienestar de las personas esté por encima de los beneficios económicos. Más participativa, donde el voto no sea un cheque en blanco para olvidarse del pueblo durante cuatro años hasta necesitar engañarlo de nuevo. Más laica, donde la religión sea un asunto propio y no un asunto de estado. Más limpia, donde imputados y corruptos no estén en listas electorales. Más culta, donde la educación llegue a todos por igual y no esté impregnada de dogmas de ningún tipo, y la cultura tenga la importancia que merece. Más independiente, donde la Justicia no esté presionada y condicionada por los dos grandes partidos y los poderosos en general. Más directa, donde no sólo se nos pregunte quién debe gobernar sino también cómo debe gobernar en los asuntos importantes. Y sobre todo, más democrática, donde la política del gobierno obedezca a los intereses del pueblo y no a los intereses de los lobbys financieros, empresariales, mediáticos o religiosos. En resumen: más democracia.

¿Sueño despierto? Posiblemente. Pero permitidme que al menos por un día sea ingenuo, me deje llevar y disfrute con ello. Decía una pancarta: “Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos todo”. Quizá no lo consigamos todo. Pero podemos conseguir mucho.

No quiero terminar sin decir dos cosas. La primera, es proclamar mi admiración por todos los que se han echado a la calle, pero muy especialmente por la ciudad de Madrid. Es impresionante lo que han logrado, la respuesta ejemplar que han tenido tanto en número como en actitud, y cómo han arrastrado al resto. Y la segunda, que sé que va a molestar a más de uno pero lo tengo que decir porque así lo pienso, es la pobre imagen que ha dado Barcelona en la inevitable comparación con Madrid. Infinitamente menos gente, aunque eso sí con la misma buena actitud y que por supuesto tienen todo mi apoyo y respeto.

No obstante, me preocupa. Parece que nos han lavado al cerebro a y que esa juventud catalana supuestamente izquierdista y comprometida (que la hay), sólo es capaz de mover el culo si en la pancarta aparece la palabra “Independencia”. El resto, parece ser que es irrelevante. No digo que sean todos así, no dudo que hay independentistas en Plaza Catalunya. Tampoco estoy en contra de luchar pacífica y democráticamente por la independencia. Pero sí digo que me parece un gravísimo error convertirlo en el ÚNICO motivo de lucha para todo un país. Hay cosas igual o más importantes por las que merece la pena luchar. Más aún: si no luchamos también por esas otras cosas, conseguir la autodeterminación va a ser el menor de nuestros problemas y además una víctoria pírrica si se lograse, porque de poco va a servir ser independientes dentro de un mundo en el que la gente con conciencia de justicia social vamos a vivir con las tripas revueltas y la nariz tapada.

Debería esa gente, que tan buena respuesta tiene para otro tipo de protestas, pararse a pensar por un momento que ese pueblo de Madrid con el que demasiado a menudo generalizamos alegremente tildándolo de facha, retrógrado, pepero y demás lindezas, nos está dando al resto una verdadera lección de lo que es ser gente libre, comprometida y que lucha por sus derechos… y los de todos. Aún estamos a tiempo de demostrar que los catalanes también queremos un mundo mejor y que somos capaces de luchar por él. ¿Lo haremos?

Ayer hubo en este país casi 60 manifestaciones, 60, convocadas por la plataforma Democracia Real Ya, y secundada por otros como Juventud Sin Futuro. Plataformas al margen de las maquinarias de los partidos convencionales y sin otro apoyo mediático que éste -todavía- libre y bendito internet que Sinde y sus amigos quieren castrar (precisamente para que no ocurran estas cosas, los derechos de autor son sólo la excusa perfecta). Es difícil saber cuánta gente hubo realmente, pero basta ver las fotos subidas a Twitter por los asistentes para saber que prácticamente todas fueron un éxito y tuvieron un seguimiento más que destacable en estos tiempos de aborregamiento general.

El silencio de los medios ante semejante movimiento ciudadano durante la tarde-noche de ayer resultó vergonzoso, y todavía fue más sonrojante ver como sin embargo, cuando acabadas las manifestaciones aparecieron los cuatro de siempre a quemar contendedores y a darle la excusa a los antidisturbios para practicar su deporte favorito, la noticia apareció en toda la prensa a velocidad de vértigo. Ocultemos la verdad, esos miles y miles de ciudadanos pacíficos diciendo ‘Basta‘, y demos protagonismo a la anécdota para intentar desprestigiar el movimiento. Para saber la verdad había que leer la prensa extranjera, como en los mejores tiempos del franquismo. Sólo que ahora no hay quien frene la información gracias a la red. Twitter se convirtió en el vehículo de información en el que se pudo ver lo que la prensa ocultaba, incluídas las desmesuradas cargas policiales.

De entre todas las pancartas que pude ver, hubo una que me llamó especialemente la atención: “PIENSO, LUEGO ESTORBO”. Un ejercicio de síntesis perfecto. Nunca tres palabras dijeron tantas cosas. Porque ahí está el meollo de todo el asunto. Tenemos que pensar.  Si pensamos, somos conscientes. Si somos conscientes, nos indignamos. Si nos indignamos, nos rebelamos. Y si nos rebelamos, somos peligrosos. Porque de la rebelión a la revolución, no hay un camino tan largo…

Porque estamos hartos. Hartos de votar un gobierno cada cuatro años que al final no vale para nada porque gobiernan los mercados a los que nadie vota. Hartos de ver como el pueblo paga los platos rotos de las élites. Hartos de una ley electoral que convierte el poder en una pelota de ping-pong que se van pasando de un partido de centro-derecha (PSOE) a otro de extrema derecha (PP). Hartos de que nos quieran hacer creer que nuestro enemigo no son los banqueros, sino los inmigrantes muertos de hambre que se juegan la vida en una patera. Hartos del maldito cuento del voto útil del PSOE, para que una vez en el poder hagan una política tan de derechas como la de cualquier partido neocon. Hartos del programa oculto del PP, que callan ahora, pero que nos quitará los pocos derechos que nos quedan en cuanto alcancen el poder.

Hartos de ver multinacionales despidiendo trabajadores mientras se reparten beneficios indecentes. Hartos de oír a la Patronal pedir despidos baratos, menos sueldo y más horas de trabajo, sin ofrecer nada a cambio. Hartos de ver a los sindicatos sometidos al yugo del sistema, incapaces de morder la mano que les da de comer, preocupados sólo de obtener algunas migajas con las que justificarse ante la prensa. Hartos de que haya dinero público para rescatar a la banca de sus propios errores, pero no para rescatar a los ciudadanos de los errores de la banca. Hartos de que no haya fondos para pensiones, educación y sanidad pero sí los haya para sueldos vitalicios, para financiar Iglesia y Monarquía, y para políticos que cobran de tres y cuatro cargos a la vez sin trabajar de verdad en ninguno. Hartos de que los recortes sólo afecten a los que menos tienen, mientras los ricos son más ricos que antes de empezar la crisis. HARTOS.

Así que ahora toca PENSAR. Y por supuesto, ACTUAR. El actual sistema capitalista no sirve, y debe caer como cayó el antiguo sistema stalinista del “telón de acero”, que tampoco servía. Hay que crear algo nuevo, o mejor dicho: rescatar antiguos valores que se han perdido por el camino que nos ha llevado a este sistema caníbal. Lo dice Hessel, y tiene razón: si una Europa arrasada y arruinada tras la Segunda Guerra Mundial fue capaz de crear y sostener un estado del bienestar no nos podemos tragar que ahora, en una Europa avanzada y mucho más rica, no se puede.

El PSOE ya ha demostrado sobradamente a qué intereses responde, el PP todos sabemos de qué lado está. Ambos al servicio de los lobbys financieros, el BCE y el FMI; rinden pleitesía al sistema actual que los convierte más en subordinados del mercado que en gobernantes y defienden los intereses de los causantes de la crisis. Necesitamos aire fresco y lo necesitamos YA. La ‘dictadura’ bipartidista no es la solución: es el problema.

No sé cuál es el camino exacto a seguir. Si lo supiera sería un genio, y no lo soy. Pero sí sé que ese camino empieza por pensar, por indignarse, por salir a calle y por decir NO. Somos muchos, posiblemente seremos más. Y además, tenemos la razón. Ahora falta saber si tendremos la constancia suficiente para que todo esto que empezó ayer no se quede en una simple pataleta…