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Muchos venimos denunciando desde hace tiempo que los salvajes recortes en la sanidad pública que está llevando a cabo CiU en Cataluña son evitables, y que no responden a una necesidad imperiosa ni a la redundante crisis, ni siquiera al expolio ni al déficit fiscal; sino a una estrategia perfectamente planificada y calculada cuyo objetivo no es otro que privatizar la sanidad. Un pingüe negocio del que a día de hoy, los socios y amigos del Sr. Boi Ruiz (Conseller de Sanitat de la Generalitat) no pueden sacar tajada.

Empezamos a verle las orejas al lobo cuando la Generalitat, mientras anunciaba los “ineludibles” recortes sanitarios, eliminaba un impuesto de sucesiones que, casualmente, beneficia sólo a las 500 familias más pudientes de Cataluña, a la vez que resta de las arcas autonómicas unos 130 millones de euros imprescindibles en tiempos de crisis. Si no hay dinero para sanidad, no hay justificación posible para bajar impuestos, y mucho menos si es a los ricos. Salvo que lo que se pretenda sea meter a la sanidad pública en un pozo que justifique su privatización. Quedó constatado el poco cariño y el nulo interés que CiU tiene por la sanidad pública.

Tampoco hacía falta ser un lince, la verdad. La designación de Boi Ruiz como conseller dejaba a las claras desde un principio las malas intenciones de Artur Mas y su “Govern dels millors”. Porque seamos serios… si nombras Conseller de Sanitat a un señor cuyo currículo nos cuenta que ha sido durante 16 años Director General y/o Presidente de la Unió Catalana d’Hospitals, la patronal del sector sanitario privado en Cataluña, no lo haces pensando en que tenga como idea principal defender y potenciar la sanidad pública frente a los intereses privados. Más bien al contrario, son tan evidentes sus contactos con el sector privado y las mutuas como fácil es deducir de qué lado están sus lealtades y obligaciones. Por cierto, también es vocal de Foment del Treball, la patronal catalana. Otro motivo para confiar en él, qué duda cabe…

Su último movimiento no ha hecho más que confirmar las sospechas. Fuera caretas. Ya habla el Sr. Ruiz de obligar a contratar sanidad privada a determinadas rentas, sin especificar dónde se pondría el listón que defina quién está obligado a dar beneficios a sus amigos de las mutuas y quien no.
La propuesta se ha lanzado al aire a la espera de que la recoja el PP, pero no por falta de voluntad de CiU de aplicar ese sistema, sino porque es competencia del gobierno central tomar semejante decisión y CiU no puede hacerlo por su cuenta en Cataluña. Dicho sea de paso, sin ser un experto, tengo la impresión de que esa medida atenta contra la Constitución, aunque ya sabemos por experiencia que les bastan 15 días para cambiarla a su antojo si el lobby adecuado presiona lo suficiente.

  La táctica de Boi Ruiz es sibilina, maquiavélica. Lanza el globo sonda, pero plantea la propuesta hablando de las rentas más altas. Es decir, el mensaje implícito es:
- “No se preocupen ustedes, clases medias y obreras, que esto sólo va a afectar a los ricos y para la gran mayoría nada cambiaría. Es más, incluso se podrían evitar recortes…”

Este mensaje tiene la intención de que creamos que la medida no es tan mala. Pretende hacernos caer en el error de pensar: “El que tenga dinero que pague, claro que sí, mientras a mí no me afecte…”.
Es una trampa. Nos afectará. Si abrimos la puerta a ese tipo de políticas, será un error histórico sin marcha atrás. Para empezar, porque la intención inmediata es un sanidad privada para ricos y una pública, pero de baja calidad y sin recursos, para los pobres.
Pero lo peor es que si ahora se aplica a las rentas más altas y se consiguen unos cuantos miles de clientes para sus socios, dentro de unos años ese listón bajará y ya no serán miles de clientes sino millones, y no serán clase alta sino media; y más adelante volverá a bajar hasta que todos seamos clientes forzosos de las mutuas, hayamos perdido un derecho fundamental y por el camino los amigos del Conseller se hayan forrado un poco más. Algo que sin duda celebrarán con cava catalán en las Islas Caimán o Suiza cuando se lleven allí nuestro dinero para evitar pagar impuestos, como buenos patriotas que son.

Su avaricia no conoce límites. Si nos creemos que se van a conformar con obligar a los pudientes y tener miles de clientes, cuando pueden obligarnos a todos y tener millones, es que no hemos aprendido nada… 

El Govern de la Generalitat de Catalunya, liderado por Artur Mas, anuncia ufano que va a eliminar el impuesto de sucesiones. Eso quiere decir, por un lado, que quienes tengan una pingüe herencia que recibir de sus padres o abuelos, no van a pagar impuestos por ello. Y, por otro lado, significa que las arcas públicas, paupérrimas desde hace tiempo, van a dejar de ingresar un buena cantidad de euros que son ahora más necesarios que nunca.

Admito que desconozco la cantidad exacta de dinero que se dejará de ingresar, pero eso no cambia el hecho: habrá menos dinero público a cambio de beneficar a una selecta minoría. Porque esta reforma, no nos engañemos, no está pensada para beneficiar al trabajador que con sangre, sudor y lágrimas ha logrado dejar en herencia la vivienda familiar a sus herederos. Los grandes beneficiados de esta reforma son los pocos privilegiados que tienen un patrimonio superior al millón de euros.

Resulta curioso que el Govern renuncie a esos ingresos cuando la propia CiU anuncia, casi a la vez que la eliminación del impuesto de sucesiones, que va a a haber drásticos recortes en la Sanidad Pública, porque no hay dinero en caja. Unos recortes que pegan donde más duele: la salud de los ciudadanos. De TODOS los ciudadanos. Con generosa herencia en lontananza o sin ella.

Si no hay dinero ni tan siquiera para ofrecer una sanidad pública digna a los ciudadanos, ¿cómo es posible quitar un impuesto y reducir los ingresos? Dentro de la nada disimulada actitud neoliberal de la formación de Mas y Durán, es más importante hacer que los pudientes, la pequeña burguesía catalana que forma y mantiene a CiU desde siempre, obtenga beneficios fiscales a ofrecer una Sanidad de calidad al resto de ciudadanos.

Y también (porque queda en segundo plano pero es un tema esencial) unas condiciones dignas a los trabajadores de la Sanidad Pública, que por si a alguien se la olvidado, son los que tienen nuestra salud (y por ende nuestras vidas) en sus manos. Un trabajo lo suficientemente importante y exigente como para ofrecerles las mejores condiciones posibles para llevarlo a cabo. Y esas condiciones pasan por tener, amén de las instalaciones adecuadas y el instrumental pertienente, el personal necesario para realizarlo con la total dedicación, concentración y tiempo que cada caso requiera. Algo imposible si se recorta personal y no se cubren bajas.

De poco sirve que haya sesudos estudios que demuestran que reducir el número de médicos y enfermeras aumenta exponencialmente el número de muertes, muertes que en condiciones normales de trabajo serían perfectamente evitables. Aún así, se van a reducir los presupuestos de los hospitales en algunos casos hasta casi el 20%. Diciéndolo en catalán: campi qui pugui.

Pongamos un ejemplo para que todo quede claro y diáfano. Veamos qué ocurrirá con estas dos medidas , usando como ejemplo a un camarero fijo-discontinuo padre de tres hijos y, por otro lado… por ejemplo, a Oriol Pujol, portavoz parlamentario de CiU a la sazón que hijo del Molt Honorable President Pujol y la Sra. Marta Ferrusola. Por decir uno, así, al azar…

En lo concerniente al impuesto de sucesiones… pues realmente, ese camarero padre de tres hijos, no se va a ver beneficiado en nada porque, posiblemente, ni tan siquiera tenga vivienda en propiedad y viva de alquiler. Todo lo que dejará en herencia a sus hijo será miseria, y la miseria no paga impuestos. Sin embargo, el amigo Oriol Pujol, el día que sus ilustres progenitores ya no se encuentren entre nosotros y llegue el momento de repartir su suculento legado, sí se va a llevar un pequeña alegría, porque va a evitar aportar unos cuantos (bastantes) miles (¿millones?) de euros al erario público, ese mismo erario público del que han vivido durante más de treinta años tanto él como su padre. El pobre pierde, el rico gana.

Respecto a que la Sanidad Pública empeore… pues digamos que al Sr. Pujol poco o nada le va a perjudicar, puesto que dispone de medios suficientes como para permitirse la mejor mutua privada posible, por lo que sus necesidades sanitarias están cubiertas aunque la sistema público se hunda para siempre. Pero, ¡ah, amigos!… para el camarero/padre, el día que él mismo o uno de sus hijos necesite de esa atención sanitaria pública (puesto que no se puede permitir otra), más le vale que rece lo que sepa para que ese día no haya algún médico de baja al que no se ha sustituido, o no le coincida con un accidente múltiple que tenga ocupados al poco personal que quede en el hospital. Si es un asunto de vida o muerte, la situación puede ser dramática. El rico gana, el pobre pierde.

Señores de CiU: si su objetivo era beneficiar a sus acólitos y perjudicarnos a todos los demás, enhorabuena. Lo han hecho de cine. Pero no nos vengan con la milonga de que en tiempos de crisis, los recortes son necesarios y que están poco menos que obligados a hacerlo por la concatenación de los elementos. En tiempos de crisis, los ciudadanos necesitan más coberturas sociales que nunca, y el gobierno necesita ingresar más dinero para ofrecer esos servicios sociales. Y eso, amigos neoliberales, no se consigue bajando impuestos. Se consigue, entre otras muchas maneras, haciendo que los ricos paguen más. Así es como se construye una sociedad justa y se evita la fractura social. Reduciendo las distancias entre rico y pobres, no aumentándolas.

Pero claro, cuando los que mandan y legislan son esos mismos ricos que deberían pagar más… demanar aixó es somiar truites

¿Visca Catalunya?