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Después de ver por streaming  la asamblea de Sol (fantástico poderlo hacer), me hierve la cabeza. La asamblea debía decidir si seguía la acampada o no, y hasta cuándo. Me debatía entre la idealismo de quedarse y el pragmatismo de levantar las acampadas. Entre lo que pide el corazón, y lo que indica la cabeza.

Sol ha decidido quedarse. La primera impresión que tengo es que más que llegar a ese acuerdo, simplemente siguen porque no han sido capaces de lograr ningún otro acuerdo, así que se quedan las cosas como estaban. Algo lógico el no llegar a consensos cuando pretendes tomar las decisiones por unanimidad y no por mayoría en una asamblea con más de 3.000 personas, entre las cuales algunos “lobbys” que como ya dije en otro artículo, sólo están allí buscando aprovechar la fuerza del 15M para intentar conseguir sus propias reivindicaciones. Si estamos reclamando más democracia, ¿por qué las asambleas no deciden democráticamente por mayoría, en lugar de andar buscando consensos casi imposibles, porque bastan cuatro discordantes para boicotearlos?

Ayer ví a mucha gente intentando aportar cosas interesantes y positivas, y a muchos otros gritando consignas y frases hechas como loros… estos últimos son los que creen ser los revolucionarios auténticos, mientras a los primeros se les tacha incluso de infiltrados. Digno de reflexión, cuanto menos. Pedir más democracia mientras faltas al respeto al que comparte el objetivo pero no los métodos, no parece la mejor manera de dar ejemplo. Y además, recuerda a errores pasados que pagamos muy caros…

Ver la asamblea ha hecho que me decante definitivamente por mi lado pragmático. Los eslogans han derrotado a los argumentos. Tuvo más peso el emotivo y compungido discurso de la compañera extremeña que todas las razones esgrimidas antes de su intervención. Creo que es un error. Las acampadas son el medio, no el fin. Su función está cumplida. Han despertado a la gente, han encendido el fuego, han parido la revuelta. Pero el inmovilismo no conduce a nada. Debemos seguir avanzando, buscar nuevas estrategias como concentraciones semanales, manifestaciones, mantener un punto de contacto y las asambleas en Sol y el resto de plazas, descentralizar las protestas potenciando la idea de expandirse por los barrios y pueblos, seguir trabajando en la red, etc… y si no hay avances y se tiene que volver, se vuelve.

Pasar a la siguiente fase del proceso para crecer. Lo nuevo gusta, lo mucho cansa. Un paso adelante significaría un soplo de aire fresco para motivar a muchos que están un tanto hastiados con las acampadas, para tomar impulso de cara a continuar la lucha, para tomar aire y descansar (me gustaría saber cuántos de los que han votado por no mover las acampadas están todo el día allí y son conscientes del desgaste y el sacrificio que conlleva…). Las acampadas ya se están expandiendo fuera de nuestras fronteras (Francia, Grecia…). El movimiento no morirá por salir de las plazas en España. Al contrario, se está debilitando porque se está destinando más tiempo y esfuerzo en organizar los campamentos que en formalizar y concretar las propuestas. Nos toca dar el siguiente paso. Porque soñar es muy bonito, pero conseguir lo que te propones es infinitamente mejor. Que muchos miembros de las comisiones estén de acuerdo en desacampar, no es un dato que deba ser pasado por alto.

Lo de menos son las veladas amenazas de la policía, que han comunicado al 15M que a partir del martes “rompe la comunicación”. No se trata de miedo, se trata de estrategia. Nada ganamos con quedarnos pataleando indefinidamente. Si no demostramos que somos capaces de tener alternativas, si damos imagen de estancamiento, si no articulamos una manera efectiva de convertir todo esto en exigencias reales y de llevarlas donde corresponde, mal asunto. Por eso creo que lo mejor sería fijar una fecha para levantar los campamentos, dando un margen razonable para organizar bien la salida. Por varias razones: tener unos días para decidir los nuevos pasos a dar y el consenso de mínimos, deslegitimar cualquier intento de desalojo, y no dar la impresión de que nos vamos por miedo a lo ocurrido en Barcelona con la infame violencia policial, sino porque es lo mejor para nuestros objetivos.

He leído una frase que me ha gustado: “No es que vayamos muy despacio, es que vamos muy lejos”. No podría estar más de acuerdo. Pero tengo la impresión de que no llegaremos nunca si no salimos de las plazas y damos un paso adelante. No por quedarnos vamos a vencer, por más que se empeñen algunos en venderlo así. Del mismo modo, levantar los campamentos no significa abandonar la causa, sino todo lo contrario: es el siguiente paso lógico para seguir el camino.

A todos nos emocionan esas imágenes de las plazas llenas de gente. Sol es un símbolo de valor incalculable. Pero hay que ser fríos; si nos quedamos lo más probable es que las plazas estén cada vez menos llenas, a no ser que los gobernantes vuelvan a cometer el error de enviar a la policía a darnos de hostias. Pero no podemos esperar que nos resuciten a palos cada vez que perdemos fuelle. Esto es un tablero de ajedrez, y nos toca mover ficha.

Que conste que aunque crea que esto es un error, respeto la decisión de la asamblea y sigo apoyando al 15M. Lo importante es no dividirnos y seguir adelante. Sólo pido un poco de reflexión serena y menos intransigencia. Y, por supuesto, espero estar completamente equivocado y que la decisión tomada haya sido la correcta. Pero permitidme que lo dude.

PD: No quiero terminar sin condenar firmemente la actuación desmedida e injustificada de los “Grises d’Esquadra el pasado viernes en Plaza Catalunya, y exigir el cese del impresentable fascistoide Felip Puig, por inepto y represor. Y también dar todo el apoyo del mundo a los compañeros de París que han tenido que sufrir también la violencia de su policía por sumarse a la rebelión. Volverán a tomar la Bastilla, y esta vez sin guillotinas.

Escribía el lunes, tras el éxito de las manifestaciones del 15M convocada por Democracia Real Ya, que estaba por ver si era todo una pataleta o si estábamos ante algo mucho más serio… dos días después, mi habitual escepticismo empieza a ceder terreno: esto es mucho más que una pataleta. ¿Tanto como una revolución? Veremos.

Ayer, la inercia de la energía generada por la manifestación hizo que unos pocos valientes se decidieran a acampar pacíficamente en la Puerta del Sol de Madrid. Gracias otra vez a Twitter, algunos más se sumaron en otras ciudades. Eran pocos, casi residuales. Con un enorme apoyo en las redes, sí, pero presencialmente muy pocos. Hasta que los políticos de este país, en un denodado esfuerzo por demostrar que Democracia Real Ya tiene razón, hicieron gala de toda su estupidez, torpeza y estrechez de miras: ordenaron a los antidisturbios desalojar la plaza por la fuerza. Las imágenes de un montón de “Robocops” llevándose a rastras a pacíficos ciudadanos que ejercían un derecho constitucional sin generar disturbio alguno, se convirtió en la chispa necesaria para encender definitivamente la mecha. Supongo que nunca oyeron hablar del “Efecto Streisand”.

Durante todo el día, Twitter fue un hervidero de comentarios que saturó su servidor al mismo ritmo que iba calentando los ánimos del personal. Cada vez más gente se indignaba y se sumaba al movimiento. Tanto que incluso se convocaron concentraciones en las embajadas de Londres, en Turquía, Islandia y hasta en México. Al llegar la hora convenida, Sol se llenó hasta la bandera. Miles de personas de todo tipo, edad y condición se unían para exigir democracia, democracia de verdad y no esta pantomima en la que vivimos. El ambiente, las consignas, esa sensación de pueblo unido en una causa común, hizo que muchos empezásemos a pensar que realmente se estaba cociendo algo importante, y que algunos políticos, periodistas y tertulianos que se reían mucho el domingo y ninguneaban el movimiento hablando de “cuatro violentos antisistema”, empezaran a fruncir el ceño, preocupados. Y con razón.

No soy de los que opina, como hacen algunos en mi opinión sobreexcitados, que estemos ante una “Plaza Tahrir a la española”. Dista mucho este movimiento de ser una revolución del calibre de la egipcia. Tampoco la situación social es comparable, por supuesto. Pero sí creo que es un primer paso histórico, la primera vez en democracia que el pueblo se echa a la calle sin que medie la convocatoria y organización de algún partido, sindicato o similar. Posiblemente, el movimiento social más interesante desde la transición. Es casi imposible que todo esto no recuerde, aunque sea vagamente, a aquel mayo del 68. Quizá en un futuro se hable de un “mayo de 2011″. Quién sabe.

Lo que es evidente, es que algo está cambiando. Que esto puede ser el principio de una nueva manera de entender la democracia. Democracia 2.0, le llaman ya algunos. Una democracia más cercana, donde no corten el bacalao los órganos internos de los partidos y donde se vote a personas más que a siglas. Más libre, donde los derechos de reunión, manifestación o expresión no sean violentados por las porras de la policía. Más transparente, donde la prensa no sea un traje a medida para la manipulación informativa de los políticos. Más social, donde el bienestar de las personas esté por encima de los beneficios económicos. Más participativa, donde el voto no sea un cheque en blanco para olvidarse del pueblo durante cuatro años hasta necesitar engañarlo de nuevo. Más laica, donde la religión sea un asunto propio y no un asunto de estado. Más limpia, donde imputados y corruptos no estén en listas electorales. Más culta, donde la educación llegue a todos por igual y no esté impregnada de dogmas de ningún tipo, y la cultura tenga la importancia que merece. Más independiente, donde la Justicia no esté presionada y condicionada por los dos grandes partidos y los poderosos en general. Más directa, donde no sólo se nos pregunte quién debe gobernar sino también cómo debe gobernar en los asuntos importantes. Y sobre todo, más democrática, donde la política del gobierno obedezca a los intereses del pueblo y no a los intereses de los lobbys financieros, empresariales, mediáticos o religiosos. En resumen: más democracia.

¿Sueño despierto? Posiblemente. Pero permitidme que al menos por un día sea ingenuo, me deje llevar y disfrute con ello. Decía una pancarta: “Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos todo”. Quizá no lo consigamos todo. Pero podemos conseguir mucho.

No quiero terminar sin decir dos cosas. La primera, es proclamar mi admiración por todos los que se han echado a la calle, pero muy especialmente por la ciudad de Madrid. Es impresionante lo que han logrado, la respuesta ejemplar que han tenido tanto en número como en actitud, y cómo han arrastrado al resto. Y la segunda, que sé que va a molestar a más de uno pero lo tengo que decir porque así lo pienso, es la pobre imagen que ha dado Barcelona en la inevitable comparación con Madrid. Infinitamente menos gente, aunque eso sí con la misma buena actitud y que por supuesto tienen todo mi apoyo y respeto.

No obstante, me preocupa. Parece que nos han lavado al cerebro a y que esa juventud catalana supuestamente izquierdista y comprometida (que la hay), sólo es capaz de mover el culo si en la pancarta aparece la palabra “Independencia”. El resto, parece ser que es irrelevante. No digo que sean todos así, no dudo que hay independentistas en Plaza Catalunya. Tampoco estoy en contra de luchar pacífica y democráticamente por la independencia. Pero sí digo que me parece un gravísimo error convertirlo en el ÚNICO motivo de lucha para todo un país. Hay cosas igual o más importantes por las que merece la pena luchar. Más aún: si no luchamos también por esas otras cosas, conseguir la autodeterminación va a ser el menor de nuestros problemas y además una víctoria pírrica si se lograse, porque de poco va a servir ser independientes dentro de un mundo en el que la gente con conciencia de justicia social vamos a vivir con las tripas revueltas y la nariz tapada.

Debería esa gente, que tan buena respuesta tiene para otro tipo de protestas, pararse a pensar por un momento que ese pueblo de Madrid con el que demasiado a menudo generalizamos alegremente tildándolo de facha, retrógrado, pepero y demás lindezas, nos está dando al resto una verdadera lección de lo que es ser gente libre, comprometida y que lucha por sus derechos… y los de todos. Aún estamos a tiempo de demostrar que los catalanes también queremos un mundo mejor y que somos capaces de luchar por él. ¿Lo haremos?