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Pasado el calentón del pasado viernes (que no la rabia) por el traslado de Barrakes, y tras ver la movilización en las redes sociales (impresionante), y la reacción del alcalde Trias ante las reivindicaciones de los organizadores del evento y de las 2.000 personas que piden en la red que Barrakes no se mueva, creo que es el momento de hacer un análisis más frío de los pros y lo contras de este cambio de ubicación, para que algunos entiendan por qué los jóvenes están treient fum pels queixals.

Dice el señor alcalde en Radio Marina que es una decisión por el “bien común” y que “hay cosas que deben prevalecer por encima de otras”. Veamos lo que el alcalde considera bien común. Empecemos por los contras:

- La nueva ubicación no dispone de las infraestructuras mínimas para realizar un festival del tamaño y categoría de Sa Costa Barrakes. Eso va a hacer que, a tres meses del evento, todos los presupuestos previstos salten por los aires. Más dinero para infraestructuras, menos dinero para contratar bandas. Eso significa que se deberá bajar el listón de popularidad de las bandas a contratar, que no necesariamente la calidad, pero todos sabemos que hay nombres que llaman más que otros, y esos nombres por lógica son más caros de contratar. Bandas menos conocidas, menor reclamo para el público y pérdida de prestigio para el Festival. A todo esto, el Ayuntamiento plantea bajar su aportación a Barrakes en un 20%. Algo asumible en estos tiempos que corren, pero inaceptable si se suma al aumento de gastos que genera el cambio de ubicación, que ellos mismos han provocado con su decisión.

- El traslado implica unos problemas de movilidad irresolubles. Es imposible acceder en coche o moto por los inmensos atascos provocados por los Fuegos Artificiales. Por no hablar del binomio vehículo+alcohol, que nos guste o no, sea justificable o no, ocurrirá. ¿Ir andando? Es una posibilidad, claro. Pero pensemos dos cosas. Primero, que está muy, muy lejos de casi todas partes. Nos pueden llamar vagos, pero es que el segundo problema es que los asistentes se verán obligados a atravesar una carretera muy transitada y mal iluminada. El peligro que genera tener a cientos (más bien miles) de personas, muchas de ellas con un considerable volumen de alcohol en sangre, paseándose por una carretera en plena noche, no se le escapa a nadie. En la página de facebook de “Salvem Barrakes” (http://www.facebook.com/salvembarrakes), ya se puede leer a padres preocupados por la seguridad de sus hijos ante esta nueva ubicación.

He leído también que se plantean la posibilidad de poner un bus nocturno gratuito. Para empezar, ese tipo de medidas se deben contemplar antes de aprobar el traslado, no después. Una muestra más de que todo huele a improvisación electoralista. Y segundo, como no sea un helicóptero nocturno, no sé qué va a solucionar el bus, que se va a ver atrapado en el atasco como todos los demás. También he leído que se podría habilitar un carril bus “como en la Merçè…” (sic). Brillante idea si no fuera porque en Barcelona, las calles tienen cinco carriles y en Blanes, uno. Si habilitas un carril bus, cortas la calle. ¿Puede permitirse Blanes entorpecer aún más la circulación en esos días? Rotundamente no.

- La viabilidad futura (y presente) del evento corre grave peligro. Es fácil de entender. La nueva ubicación va a hacer que el número de asistentes baje significativamente. Si a ésto añadimos que el “gancho” del cartel bajará porque el presupuesto se va a ver drásticamente reducido por el Ayuntamiento y por la propia Associació de Barrakes (si sumamos el 20% que va a reducir el consistorio al 20% que la Associació calcula que tendrá que desviar a infraestructuras, haced cuentas…), tenemos otro motivo para que la afluencia descienda. En estas condiciones, ¿les será rentable a las asociaciones del pueblo montar su barraka? Si tenemos en cuenta la inversión y el esfuerzo necesarios, es fácil pensar que no.

Pues bien: si no hay “barrakistas”, no hay Barrakes. Así de sencillo. Y hay otro daño colateral, puede que incluso más grave. Todas esas asociaciones han estado financiando su actividades anuales con lo ingresado durante Barrakes. Si dejan de recibir ese dinero, ¿cómo van a subsistir? ¿Con qué recursos van a seguir organizando sus actividades? Esto quiere decir que la vida cultural del pueblo se verá terriblemente afectada, ya que las asociaciones no van a poder mantener su nivel de actividad por falta de fondos. No es sólo que se puedan perder cinco días de fiesta juvenil, musical y cultural. Es que se puede hacer un daño irreparable a todas las actividades asociacionales del pueblo, desde el deporte a la política, pasando por la cultura o el ocio. Esas pequeñas cosas que hacen que un pueblo siga vivo y activo.

- La marginación de una parte importante de la población. A partir de ahora, si no se frena este absurdo traslado, un parte de la población blandense se van a convertir en ciudadanos de segunda. Porque se les obliga a irse lejos de cualquier atisbo de la Festa Major. Si quieres ver los fuegos, no llegas a tiempo a Barrakes. Si estás en Barrakes y te apetece cambiar un rato e ir a la feria, no puedes. Nos crean un suerte de “ghetto” para jóvenes, y de paso nos alejan todo lo posible de “su” Festa Major, en la que por lo visto estorbamos. La Festa Major es de todos, la pagamos todos, pero a muchos no nos van a dejar disfrutarla plenamente, porque nos exilian a varios kilómetros de ella.
Y otra cosa: esto va a provocar también un descenso de los ingresos a los feriantes, puesto que el público de Barrakes ha tenido siempre la sana costumbre de darse su paseo por la feria, subir a alguna atracción, comprar algo de comer… eso ahora será imposible. Y otra más: la multitud de gente que hacía tiempo en Barrakes esperando a que pasara un poco el atasco. Esta gente dejaba dinero en el pueblo, bien en Barrakes, bien en la feria; amén de facilitar la salida retrasando su marcha. Pues nada, otra víctima en el camino.

- El peligroso precedente. Si las quejas de unos pocos vecinos son capaces de conseguir que se perjudique a tanta gente, si se anteponen los intereses de unos pocos a los de la mayoría, cuidado, porque quien siembra vientos recoge tempestades. ¿Qué pasa si todos somos igual de solidarios que los denunciantes? Imaginemos que los vecinos del Passeig Marítim denuncian el ruido y el humo de los fuegos. Que un grupo ecologista denuncia la contaminación que esos fuegos generan en la playa y el mar, el estrés para la fauna marina y la contaminación de los atascos de entrada y salida. Imaginemos también que esos mismos vecinos del Passeig denuncian las sardanas matutinas que no les dejan dormir. O que los vecinos de La Plantera y de Centre-Vila/Passeig denuncian las ferias, que hacen más ruido que las propias Barrakes. O los vecinos de la Plaça del Dies Feiners, las orquestas pachangueras. O que alguien denuncia las molestias que provocan los atascos, tardar dos horas en llegar a casa desde el trabajo cuando normalmente tardas 15 minutos, no poder usar tu garaje porque hay un coche aparcado y la grúa no funciona esos días, o las molestias que genera a los que viven en calles principales tener cientos de coches bajo tu balcón hasta altas horas de la madrugada con su ruido de motores, música con las ventanillas abiertas, toques de claxon

¿Matamos la Festa Major, entonces? ¿Que nadie haga nada porque todo molesta? Intento ser compresivo con la AAVV de Els Pins, pero sinceramente, me cuesta. Sólo son cinco días, y además tres de ellos son festivos. Entre los edificos más cercanos hay varios hoteles y bloques de apartamentos, y mucha segunda residencia. Gente que es evidente que está de vacaciones y no trabaja a la mañana siguiente. Y las Barrakes acaban a las 3,30h, una hora más que razonable para una fiesta mayor. Objetivamente, no me parece para tanto y me pregunto qué pasaría en este país si todos fuéramos tan tolerantes y comprensivos como ellos. Me da la impresión de que esa “convivencia” de la que habla CiU saltaría por los aires en décimas de segundo. La Patum, Fires de Girona… todo debería cancelarse o llevarlo a las montañas.

- No se eliminan los problemas para los vecinos. Se trasladan, que es diferente. Se los quitan a Els Pins, y se lo “regalan” a Ca L’Aguidó y Mas Cremat. Porque hablan de esa zona como si fuera el desierto de los Monegros, pero resulta que ahí también hay vecinos. Puede que incluso sean más. Lo de apuntar el equipo del sonido hacia Tordera es un camelo. Obvio que algo mitigará las molestias, pero pensar que por eso no va a molestar es absurdo. Lo que realmente molesta del sonido son las frecuencias graves, esas que hacen que retumbe todo. Y las frecuencias graves, a diferencia de las agudas, son omnidireccionales. Esto quiere decir que salen hacia todas direcciones con la misma intensidad. Sí, también hacia atrás. Por lo tanto, si alguien cree que en Ca L’Aguidó y Mas Cremat se van a librar del ruido, que se lo quite de la cabeza.

El otro problema no lo genera la música, lo genera la afluencia de público. Centenares de jóvenes atravesando el pueblo a pie, ebrios, de madrugada… ¿no molestan? Es decir, hay vecinos de Els Pins que se quejan por la gente que sale a fumar en los bares nocturnos, ¿y pretendemos que toda la gente que vuelva de Barrakes no van a molestar atravesando el pueblo a pie de madrugada en grandes grupos? ¿Los que accedan y vuelvan de madrugada en coches o motos, tampoco molestarán a nadie?

Y ahora, vayamos a los pros:

- Una AAVV contenta (recuerdo que en la última recogida de firmas para quitar Barrakes de SU sitio, no eran ni 200…) y, tal vez, cuatro tristes votos para CiU.

- Y también… no, espera, ¡no hay ninguno más!

Es más, puede que ni siquiera eso. Porque el cálculo electoral de CiU da la sensación de estar tan mal planteado, tan improvisado a última hora, que parece ser que no se han parado a pensar que esos 100 votos que van a sacar en Els Pins, se van a convertir por otro lado en más de 1000 votos en contra de todos los que no queremos que Barrakes se muevan. Muchos jóvenes que no pensaban votar, ahora lo harán. Y no van a votar a favor de éste o del otro, no. Sencillamente, van a votar CONTRA CiU. Recordemos que CiU consiguió la alcaldía con poco más de 4.000 votos. Si hay 1.000 o 1.500 jóvenes que votan para echarlos, son historia.

Así que volvamos al “bien común” del Sr. Trias¿Perjudicar a miles para beneficiar a decenas es bien común? La democracia es el respeto a las minorías, pero sobre todo es la defensa de los intereses mayoritarios. Y en este caso, se hace todo lo contrario.
Si a eso le sumamos que el equipo de gobierno ha tomado esta decisión unilateralemente, sin informar a los organizadores ni llevarlo a votación con los grupos de la oposición, no sólo me parece una decisión errónea. Además me parece poco democrática.

Sinceramente, tengo pocas esperanzas de que recapaciten. No soy derrotista, soy realista. Lo han vendido en prensa como una victoria, y a cuatro días de las elecciones va a ser difícil que se echen atrás, porque parecería una derrota. Algunos grupos de la oposición presentarán un moción contra el traslado en el próximo pleno. Ojalá eso, sumado a la batalla que den los jóvenes del pueblo, sirva para hacer entrar algo de razón y sentido común en las cabezas del equipo de gobierno. Ojo, no me rindo. Hay que luchar hasta el último día y con todas las armas que tengamos, incluído el voto que es donde más les duele. Pero hay que ser conscientes de la dificultad de la empresa.

Empiezo a pensar que dan el Ayuntamiento por perdido, y poco les importan ya las consecuencias de este error histórico. Lo que nos lleva a esa clásica y escatológica frase que empieza con “Pa’ lo que me queda en el convento…”

La ciudad-asilo

Publicado: 09/04/2011 en Música, Política/Religión

Recuerdo que, no hace tantos años, mi pueblo era un pueblo vivo, alegre, activo, dinámico… de verdad que no hace tanto tiempo. En aquella época yo era un músico principiante adolescente, y no estaba solo. Ni mucho menos. Coincidimos una generación en la que los músicos aparecíamos como setas. Las bandas empezaron a nacer, crecer y multiplicarse, y la vida cultural y lúdica del pueblo se vió, lógicamente, beneficiada de ello. Había conciertos con cierta asiduidad, formamos una de las primeras asociaciones de músicos amateurs conocidas (AMIC, más tarde llamado MAI) y conseguimos que el Ayuntamiento se implicara en nuestra causa y empezara a promocionar eventos como la Mostra de Rock Blanenc, que a la larga acabaría convirtiéndose en el Festival Sa Costa Barraques.

Muchos somos los que desde entonces seguimos en la brecha. Y además, una nueva generación aún más numerosa y mucho más preparada que la nuestra ha aparecido para coger el testigo. Así, a día de hoy, puedo decir orgulloso que mi pueblo, con poco más de 40.000 habitantes, tiene casi con total seguridad el ratio de músicos per cápita más elevado del país. Muchas de las bandas, además, con una calidad asombrosa. Alrededor de 25 grupos en activo, de todos los estilos imaginables, se baten el cobre diariamente.

Además, aquella modesta Mostra que empezó como una oportunidad para que los grupos locales tocaran con unas condiciones dignas de vez en cuando, se ha acabado convirtiendo en uno de los eventos musicales de Festa Major/Barraques más prestigiosos de Catalunya. Una referencia por su calidad y su variedad de estilos, con propuestas para todos los gustos. Por nuestro escenario han pasado algunos de los mejores artistas nacionales e incluso algunos reputados artistas internacionales. Todo con un presupuesto ajustadísimo, y sólo gracias al trabajo desinteresado de la Associació de Barraques y todos los voluntarios. Además, este festival sirve para que muchas asociaciones del pueblo ganen algún dinero montando su barraca, dinero que les sirve para realizar sus actividades durante el año. No sólo es una ocasión para que la juventud se divierta, además es un imprescindible potenciador y dinamizador de la actividad de las diferentes asociaciones del pueblo, desde deportivas hasta políticas pasando por asociaciones vecinales o juveniles.

Qué bonito todo, ¿verdad? Pues no. Nuestro “querido” Ayuntamiento, desde hace ya unos años, se han empeñado en que Blanes debe morir. Siempre pioneros, auténticos visionarios, han decidido ir un paso más allá que el resto. A todos nos suenan las ciudades-dormitorio, llamadas así porque sus habitantes trabajan fuera y sólo están allí para dormir. Pues en Blanes, hemos dado otra vuelta de tuerca y hemos inventado un nuevo concepto: la ciudad-asilo. No hace falta que explique las razones para llamarla así, ¿verdad?: “No hagan ruido, no salgan que hace frío, un poquito de tele y prontito a la cama…” Ellos lo llaman “Pla de Convivència Nocturna”. Habrá que regalarles un diccionario para que aprendan el significado de la palabra “convivencia”, porque parece que no lo tienen muy claro. Yo prefiero llamarle “Proyecto de la Ciudad-Asilo de Blanes”, creo que se ajusta mucho más a la realidad.

Hasta ahora, el Festival Sa Costa Barraques se realizaba en el Campo de Fútbol Municipal, una zona cercana al centro pero sin excesivos vecinos colindantes, ideal para llegar a pie desde casi cualquier punto del pueblo. Las brillantes cabezas pensantes del Ayuntamiento (o mejor dicho, del equipo de gobierno formado por CiU y PdB), han decidido llevarse el Festival a la nueva Zona Deportiva, situada en las afueras de la ciudad. Para colmo, ni siquiera se han molestado en informar personalmente a los organizadores (insisto, jóvenes voluntarios que realizan gratis una gestión que costaría miles de euros de hacerla una empresa profesional), que se han tenido que enterar por la prensa. Esta decisión es el paso definitivo para lograr la conversión de Blanes en la primera ciudad-asilo, puesto que supone poner en peligro la principal (¿unica?) actividad musical para jóvenes que organiza el consistorio blandense, un festival que reune cada año a miles de personas.

Es una autética patada en el bajo vientre a Sa Costa Barraques. La nueva ubicación del evento está tan lejana a cualquier zona céntrica del pueblo, que inevitablemente va a provocar que los que se atrevan a ir a los conciertos, utilicen vehículos para desplazarse. Aquí vemos la doble irresponsabilidad del equipo de gobierno: por un lado, se potencia el uso de vehículos en días de elevado consumo de alcohol (de acuerdo que eso es una decisión personal, pero se supone que un ayuntamiento debería potenciar el NO uso del vehículo, y no lo contrario), y por otro no se tiene en cuenta que en esos días resulta imposible circular por Blanes debido al atasco producido por las miles de personas que visitan nuestro pueblo. Es decir: el que quiera ver los fuegos artificiales, que se olvide de ver el concierto. Como decía mi abuelo, “teta y sopa no caben en la boca”.

Claro que… ésto da que pensar. Porque hablamos del mismo ayuntamiento que, poco después de anunciar a bombo y platillo ser la primera ciudad “Gayfriendly” (“Amiga de los gays”), vetó un festival musical organizado por la asociación de gays y lesbianas GAYLESTOTS, por considerarlo “incompatible con la promoción de una imagen de turismo familiar y deportivo” que se pretendía vender… debe ser que los gays, ni tienen familia ni hacen deporte. Tal vez ahora pretenden algo parecido, que los jóvenes se vayan cuanto antes a las afueras del pueblo a esperar sus conciertos, para que así no den una mala imagen del pueblo a los visitantes… dos pájaros de un tiro: los cuatro vecinos de turno contentos (a ver si cuela y les votan), y nuestra nueva imagen de oasis pequeño-burgués, una vez limpio de gays, a salvo también de esos molestos jóvenes anti-sistema y su ruido infernal. Sé que parece una locura, pero con este ejecutivo y su obtusa manera de ver las cosas, todo es posible. Por surrealista que parezca.

Porque hablamos del mismo Ayuntamiento que, teniendo como ya he dicho más músicos por habitante que cualquier otro, sólo tiene dos miserables salas de ensayo municipales para cerca de 30 grupos. Y además son diminutas, están mal equipadas y peor acondicionadas. Y eso que nos costó 20 años de reclamaciones conseguirlas… El mismo Ayuntamiento que, en vez de aprovecharse de ser un hervidero cultural para ofrecer un plus a sus visitantes (turistas o de segunda residencia), se dedica a denegar licencias a los locales que pretenden hacer música en directo, o en su defecto a pedir cifras desorbitadas por esas licencias, cifras que hacen que sea más cara la licencia que el propio caché de los músicos. Delirante, pero cierto.

Desde aquí, como músico y como ciudadano de este cada vez menos habitable pueblo, quiero dar todo mi apoyo a la gente que organiza Sa Costa Barraques y que hoy han recibido esta noticia como un auténtico jarro de agua fría. Espero que esta decisión no ponga en peligro la viabilidad y la continuidad del festival, aunque mucho me temo que pueda ser así… porque sinceramente, dudo que el ya habitual éxito de público se mantega en la nueva ubicación.

Y como contribuyente, ciudadano y votante, le quiero decir algo al equipo de gobierno de mi ciudad: señores de CiU y PdB: si les gusta vivir en un asilo, les recomiendo encarecidamente que se vayan a uno cuanto antes, nos dejen en paz y nos devuelvan nuestro pueblo. Nuestro pueblo de verdad, no esta triste ciudad-asilo en la que lo han convertido. Su gestión es esperpéntica y su estrechez de miras no tiene precedentes. La vida nocturna y la posibilidad de una oferta cultural atractiva para el turismo (principal fuente de ingresos y de trabajo en una ciudad sin industria como la nuestra) están más muertas que Chanquete, a mayor gloria de su ineptitud. Y los movimientos sociales juveniles, asociaciones vecinales y deportivas, y el resto de agrupaciones que sobreviven gracias a los ingresos que consiguen en Sa Costa Barraques, al borde de la catástrofe para salvaguardar los intereses de unos pocos vecinos que no pueden soportar cinco miserables días de fiesta. Vecinos ejemplares, sin duda. Comprensivos y solidarios, merecedores de anteponer sus intereses al de toda la juventud blandense. Y para colmo, sospecho que la inmensa mayoría son gente de fuera del pueblo que vienen a su segunda residencia dos semanas al año; puesto que la gente del pueblo, salvo contadas excepciones, entiende que es fiesta mayor y son días especiales en los que hay que ser flexible y tolerante.

Nos vemos en las urnas, señores. O tal vez antes… porque espero que esto no quede así y la juventud de este pueblo agonizante responda como se merece a semejante atropello.

ROBIN BECK – The great escape (2010)

Publicado: 16/02/2011 en Música
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Inauguro por fin la sección de música del blog. Como ya he dicho, soy músico, así que es inevitable que dedique una parte de mi tiempo a escribir sobre ello. A partir de ahora lo iré haciendo asiduamente. ¡No sólo de política vive el hombre!

Empezamos con un poco de AOR: ROBIN BECK. Esta cantante originaria de Brooklyn ha sido para mí, desde que escuché su disco “Trouble or nothing” en 1989, la voz femenina del AOR por excelencia. El pasado 2010 editó su último disco, “The great escape”.

Cabe destacar dos cosas de entrada: que a sus 56 años (muy bien llevados, dicho sea de paso) sigue manteniendo una voz envidiable; y que después de algunos devaneos por caminos mucho más pop (“Wonderland” o “Do you miss me”), en este disco vuelve a sus raíces de rock americano. Sospecho que su marido James Christian (House Of Lords), a la sazón co-productor, bajista y corista en este disco, tiene mucho que ver en esa vuelta a los orígenes que ya inició en su anterior disco “Livin’ on a dream” (2007).

Evidentemente, la producción es 100% american style: mezcla limpia, nítida y transparente como corresponde a un buen disco de AOR, y un mastering moderado que se agradece en estos tiempos de estrujar y destrozar sin piedad las mezclas en busca del máximo volumen a cualquier precio.

Musicalmente, “The great escape” tiene todo lo que debe tener un disco de este estilo: rock suave y comercial, con buenos estribillos pegadizos y excelentes coros (Everything is alright, Inside of me, The one), temas más guitarreros (The great escape, Got me feelin’ sexy), medio-tiempos elegantes (Baby I’m not a bitch), y por supuesto la balada de rigor (Don’t think he’s ever comin’ home), en este caso no especialmente inspirada.

Mención aparte merece el dueto con nada menos que Joe Lynn Turner (Deep Purple, Rainbow, Yngwie Malmsteen) en ‘That all depends’, en mi opinión el mejor tema del disco junto a ‘Got me feelin’ sexy’. El último tema del CD, ‘Till the end of time’, es también un dueto, en este caso con James Christian. No es que sea una mala canción, pero resistir la comparación con Turner no es precisamente tarea fácil.

El disco está co-producido por Tommy Denander, una suerte de Rey Midas sueco que lo que toca lo convierte en oro. Sólo hay que ver que ha trabajado con gente como Toto, BB King o Steve Vai y mirar su colección de premios para ver que no es un cualquiera. Y se nota, porque el disco suena de auténtico lujo. Denander, además de la producción, también se hace cargo de las guitarras. La práctica totalidad de los temas están firmados por la propia Robin Beck junto a Christian y Denander.

En resumen: si te gusta el AOR, es un buen disco. Pegadizo, guitarrero y con una voz para mi gusto perfecta para el estilo por más que pasen los años. Si no te gusta el AOR… casi mejor ni lo intentes.

Para los que siempre nos gustó Robin Beck, resulta agradable volverla a escuchar haciendo lo que mejor sabe hacer y alejada del pop insípido de su etapa anterior. Por supuesto, este disco no llega a la altura de “Trouble or nothing”, pero sí es un buen disco que merece al menos un par de escuchas. Por ponerle alguna pega, habría que decir que resulta en general bastante predecible y desde luego no es un prodigio de originalidad. Pero bueno, nadie dijo que el AOR se caracterice precisamente por su capacidad para arriesgar y sorprender.

Si no has escuchado nunca antes a Robin Beck, te recomiendo que antes de escuchar este “The great escape”, empieces a descubrirla por “Trouble or nothing”, verdadera obra maestra del Hard/AOR de finales de los 80 producida por el mítico Desmond Child y con colaboraciones de lujo como Paul Stanley (Kiss), Steve Lukather (Toto), Alice Cooper, Michael Anthony (Van Halen) o el inmenso batería Steve Ferrone (Marcus Miller, Jaco Pastorius, Aerosmith, Slash…), entre otros. Curiosamente, este discazo no está en Spotify, así que no puedo poner link. Que cada uno lo busque donde más le plazca.

Como no encuentro ningún vídeo del nuevo disco en Youtube, os dejo el link de Spotify y un vídeo de su canción más conocida (que no la mejor, como suele ocurrir), todo un súper-éxito allá por 1989. A los más viejos del lugar les recordará a cierto anuncio televisivo…

Robin Beck – The Great Escape [Spotify link]

Salud y música.

Miky Corregidor

En el siglo XVI proliferaron en el océano Atlántico unos marineros ladrones y pendencieros, conocidos como piratas… o corsarios. En realidad, la única diferencia entre unos y otros era que los piratas actuaban por libre, mientras que los corsarios lo hacían con el beneplácito del país de turno, que les permitía navegar bajo su bandera en lugar de hacerlo bajo la sempiterna bandera negra de los piratas libres. Algunos corsarios hasta llegaron a ser nombrados ‘Sir’ de la corona inglesa, como el famoso Francis Drake.

Resulta interesante el paralelismo con la situación actual en el asunto de la industria musical y los derechos de autor. Porque si para algunos quien comparte archivos es un pirata porque “roba” a los autores, entonces la definición de corsario viene como anillo al dedo a la Industria que no sólo ha explotado y exprimido desde siempre a esos mismos creadores, sino que además también “roba” a los ciudadanos/clientes inflando injustificadamente el precio a sus productos (no lo digo yo, hay sentencias que lo confirman), o cobrando un canon indiscriminado que vulnera sonrojantemente la presunción de inocencia. Son piratas con patente de corso, o lo que es lo mismo: corsarios.

La Industria llora. La SGAE llora. Los ‘superventas’ lloran, salvo honrosas y contadas excepciones. ¿Con motivo? Rotundamente sí. Por supuesto que sí. Porque su lucrativo chiringuito está en decadencia, condenado a muerte si no cambia radicalmente, y cualquier hijo de vecino llora y patalea cuando ve peligrar sus privilegios. Es humano.

Lo que no es de recibo es pretender camuflar su legítimo esfuerzo por defender esos privilegios como una lucha para defender la cultura; disfrazarse de paladines de los autores en un intento desesperado de lavar su deteriorada imagen, cuando la realidad es que el status quo actual es un cáncer para la cultura que deja en la cuneta de los pingües beneficios de la industria a miles de creadores, en muchos casos con bastante más talento que los que salen en todas las fotos e invaden radio y TV con “música fast-food”, gracias a carísimas campañas promocionales que más tarde hay que amortizar cobrando los CDs a precio de disco de platino.

La propia SGAE reconoce que sólo un 4% de sus socios gana anualmente cantidades por encima del Salario Mínimo Interprofesional. Es decir: un 96% de sus socios no gana ni para pagar el alquiler.

¿Es éste el sistema que hay que defender a capa y espada para “proteger” a los autores? ¿A qué autores? ¿Al 4% que se reparte alegremente todo el pastel, o al 96% que con el sistema actual se muere literalmente de hambre? ¿Es lógico que una asociación defienda con tanta vehemencia un sistema que sólo beneficia a un 4% de sus socios? ¿Es aceptable que un gobierno legisle contra la voluntad popular para blindar un sistema injusto y obsoleto que sólo beneficia a una inmensa minoría? Yo, como socio de SGAE que soy (lo admito), digo que NO.

No digo que el “todo gratis” sea la mejor opción, ni que sea justo. Todo el mundo debe cobrar por su trabajo. Pero me molesta profundamente que compartir cultura sin ánimo de lucro sea perseguido, cuando compartir es un valor a la baja que debería ser potenciado y no criminalizado en este mundo cada vez más egoísta.

Por supuesto, estoy en contra de las mafias que se enriquecen con el material creado por otros y explotando inmigrantes ilegales en las mantas. Esos sí son piratas. Pero ojo: también estoy en contra de los corsarios. Esos que, autoproclamados como defensores de los autores, no hacen sino proteger sus privilegios personales de ‘señoritos del cortijo’, en una huida hacia adelante para seguir teniendo en sus manos quién vende y quién no, quién aparece en los medios y quién no, quién accede a su selecto club privado y quién no. Y sobre todo, para llevarse su injustificable y enorme parte del negocio. Piratas que actúan bajo la bandera del estado, es decir: corsarios.

Acabemos con los piratas, pues. Pero empecemos por los corsarios.

Miky Corregidor